La voz del asno no pasa del tejado.
Gran bien es castidad, ¿pero dónde está?.
Quien nunca tuvo un apuro, no sabe lo que vale un duro.
Quien de los suyos se aleja, Dios le deja.
No hay nada que a Dios se resista, ni que se esconda a su vista.
Acabada la misa, se parten las obladas.
Fuente de pastores, en invierno tiene agua, y en verano, cagajones.
Abad de aldea, mucho canta y poco medra.
Los cántaros que más suenan son aquellos que están vacíos.
Capa de pecadores es la noche, señores.
Ni para Dios, ni para el diablo.
Si nos hacemos polvo, nos harán lodo.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Quien nada pide, nada recibe.
No hay peor saber que no querer.
Al que trabaja y anda desnudo, ajo y vino puro.
Un diablo bien vestido, por un ángel es tenido.
Lo optimo es enemigo de lo mejor.
Cuando alguien tiene un vicio, o se caga en la puerta o se caga en el quicio.
La pobreza no es vileza, mas es rama de la pereza.
La última cuenta la paga el diablo.
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
Mal puede cumplir el pobre con la palabra dada.
Mal ajeno, a nadie le importa un bledo.
A gran solicitud, gran ingratitud.
Compañía del ahorcado: ir con él y dejarle colgado.
No hay alquimia mejor que el ahorro.
Humo y mala cara, sacan a la gente de casa.
Donde mores no enamores.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
Cuando un ruin se va, dos vienen en su lugar.
El arado rabudo, el arador, barbudo.
En Octubre, de la sombra huye.
El camino hacia el cielo pasa por una tetera.
Del hombre bruto, no sale ningún fruto.
Está por encima de sus enemigos el que desprecia sus agravios.
Nada es fácil para el falto de voluntad.
Santo que mea, maldito sea.
Imaginación suelta, en un instante anda mil leguas.
Más vale hasta el tobillo que hasta el colodrillo.
El hombre se arropa, hasta dónde la sábana le llegue.
Quien bebe por calabaza, no se sabe el vino que traga.
Aunque digas y no hagas, haz y no digas.
Quien hace agravios, escríbelos en el agua; quien los recibe, en el corazón los graba.
De noche y si está la suegra, se ve hasta la leche negra.
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
Quien se acerca al bermellón enrojece, quien se acerca a la tinta ennegrece.
Borrachez, de agua; que la de vino es cara y sale a la cara.
Cuernos que no ves, corazón que no siente.
Quien no es para más, de hambre en su tierra perecerá.