La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
A la gente alegre el cielo la ayuda
Pedo con sueño no tiene dueño.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Amigo de mesa y mantel, no fíes de él.
No te salgas por la tangente.
Pasará, sea lo que sea.
Este navega con banderita de pendejo.
Cuando todo está perdido, aún queda la esperanza.
La confianza en la vida se encuentra cuando el espíritu se siente profundamente tranquilo
Hay que subir la montaña como viejo para llegar como joven.
El perro con rabia, de su amo traba.
Mancebo me fui, y envejecí; más nunca al justo desamparado vi.
Quién más te quiere, te hará llorar.
Dios no desampara a sus hijos.
Ruego a Dios, si te casares, que llorando te descasen.
A quien pasea con malas juntas, no le faltan problemas.
Mientras uno calla, aprende de los que hablan.
No hay dicha, sino diligencia.
Siempre que haya en este mundo amigos íntimos, estarán tan cerca como simples vecinos aunque se encuentren en los confines más remotos.
Quien mucho duerme jornada pierde.
Allí hay verdadera amistad, do hay dos cuerpos y una voluntad.
Donde hay voluntad, hay un camino.
Fiar de Dios el alma, más no la capa.
Dinero de canto, se va rodando.
En Abril, huye de la cocina; más no te quites la anguarina.
La reflexión consigue tantas victorias como la precipitación consigue derrotas.
La cana engaña, el diente miente pero arrastrar los pies eso si que es vejez.
Ingrato, el volver mal por bien tiene por trato.
Para la hormiga el rocío es una inundación.
Se empieza por avergonzarse de un vicio y se acaba alardeando de él
Los refranes antiguos, evangelios chicos.
La franqueza no es agravio, ni ser sincero es resabio.
La mujer es como el sendero por el que se camina: no se debe pensar en los que ya lo anduvieron ni en los que lo andarán.
No te alabes tanto si quieres llegar a santo.
El puerco nunca ve más arriba que la altura de su cabeza.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
Ya están las migas en la poyata, y el que se descuide no las cata.
Nos avergonzamos de reconocer lo que le debemos al azar: de todos los benefactores, el azar es el que recibe más ingratitud
Por San Andrés mata tu res, chica, grande o como es.
No hay moros en la costa.
Se heredan dinero y deudas
Malos reyes, muchas leyes.
El que con niños se acuesta, cagado se levanta.
Hacer una cosa en un avemaría.
El mejor suegro, vestido de negro.
A quien a buen culo se arrima, buenas hostias le propinan.
Todas las horas hieren. La última mata.
Del cuerdo espero poco, y mucho del loco.