Agua no quebranta hueso.
El que tiene una alta meta, suela cambiar de chaqueta.
El vino abre el camino.
Una onza de vanidad deteriora un quintal de mérito.
Burro empinado, por hombres es contado.
Los que miden el oro por celemines, suelen ser los más ruines.
Una ola nunca viene sola.
La virtud desaparece apenas se desea que aparezca
Más vale llorarlas muertas que no en ajeno poder.
Agua de primavera, si no es torrencial, llena la panera.
La admiración alaba, el amor es mudo
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
Es difícil coger un gato negro en una habitación oscura, sobre todo cuando no está
La muerte regalos no prende.
Camaron que se duerme se lo lleva la corriente.
En ningún apostolado falta un judas.
Afana, suegro, para que te herede; manto de luto y corazón alegre.
El que no muere en la guerra se resbala en la bañera.
El que algo teme, algo debe.
Aunque el águila vuela muy alta, el halcón la mata.
Alza en blando, bina en duro y no verás a tu suegro sañudo.
El hombre mal hablado, tendrá un hijo desvergonzado.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
Cuando más descuidado estás, viene la muerte y ¡zas!.
El trabajo es tan feo que hasta pagan por hacerlo.
En cabeza loca, ni se tiene, ni dura, ni para cosa.
Pronto será un limosnero el que no puede decir no.
Años de nones, muchos montones.
Enero desaloja las camas
Al potro que le alabe otro.
Una pena quita a otra pena.
Comer arena antes que hacer vileza.
Dos hambrientos a un pan, mal trato le dan.
Cada cual en su madriguera sabe más que el que viene de fuera.
La hierba que está para un burro, no hay otro que se la coma.
Eso es regar fuera del tiesto.
Cuando un tonto coge una verea, ni la verea deja al tonto ni el tonto deja la verea.
Retírate, agua, y veré quien labra.
Adivina quien te ha dado; tu enemigo se ha acercado.
Si no existiera la gente común tampoco existirían las personas extraordinarias.
El que poco tiene a poco aspira.
Nadie toma lo que no le dan.
Gota a gota se forma el río.
Si pones vides junto a caminos, perderás muchos racimos.
Son muchos los hijos del muerto.
El que mucho abarca, poco aprieta o se le cansan los brazos.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
Tengo un filo, que si me agacho me corto.
A juventud ociosa, vejez trabajosa.
Aquí te cojo y aquí te mato.