Después de comer miel, nada sabe bien.
Juncos aunados, por nadie quebrados.
Un millon de moscas no pueden equivocarse: coma mierda (frase anarquista).
Zumbido de mosquito, música de violín chiquito.
Adentro ratones, que todo lo blanco es harina.
Cada cosa tiene dos asas una que está fría y otra que abrasa.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
El buey para arar, el pájaro para volar, el pez para nadar y el hombre para trabajar.
El maíz que se coge en esa tierra se puede dejar pilar en el culo de una aguja de arria.
Algo quiere la coneja, cuando mueve las orejas.
En tiempo de campaña, apaña.
Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo.
Bebe por calabaza y no te pondrán tacha.
Calabaza, calabaza, cada uno para su casa.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
Tu colmenar no catar, hasta no vendimiar.
Ave que vuela, a la cazuela.
Para la mi santiguada, que de donde vino el asno venga la albarda.
Ratoncitas y ratones, bonitos, pero ladrones.
Puesto que el asno no come bien la paja, poca cebada.
Con beatas y beatos, mucha vista y poco trato.
El buey, arando en la loma, trabaja para que otro coma.
Poca hiel corrompe mucha miel.
«Si en una noche negra una hormiga negra sube por una negra pared, Dios la está viendo».
El que al asno alaba, tal hijo le nazca.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
Al herrero con barbas y a las letras con babas.
De invierno, la levadura; de verano, la mujer aguda.
Dos gorriones en una espiga hacen mala miga.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
Un hormiguero puede causar el derrumbamiento de un dique de mil li.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
De higos a brevas, larga las lleva.
A la vejez aladares de pez.
Todo bicho que camina, va a parar al asador.
El ave canta aunque la rama cruja.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
Bonete y almete hacen casas de copete.
Beatas con devoción, las tocas bajas y el rabo ladrón.
Pájaro triguero, no entra en mi granero.
El que tenga sus gallinas, que las cuide del coyote.
Abriles y jornaleros, pocos de buenos.
Pájaros de otoño, gordos como tordos.
Hija, ni mala seas, ni hagas las semejas.
Del aire se mantienen los camaleones, pero no los hombres.
De pequeñico se doma al mimbre.
Mientras mi vecina sea boba, ¿quién me manda comprar escoba?.
A caballo ajeno, espuelas propias.
Suegras, nueras y cuñadas, son asas de caldera mal arregladas.
El ojo del amo hace más que sus manos.