De dientes pa'fuera.
Estoy hasta las manos.
Si tienes alubias, garbanzos o lentejas? ¿de qué te quejas?
Pobreza y amor son difíciles de disimular
Los que duermen bajo las mismas sábanas aprenden a hablar con la misma boca
Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
Días y ollas hacen grandes obras.
Las palabras son enanos; los ejemplos son gigantes.
Al ingrato con la punta del zapato.
Manos duchas comen truchas.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
Lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana.
Es tarde cerrar la puerta del establo después que los caballos se han desbocado.
Déjate de medios días, habiendo días enteros.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Hombres de noche, muñecos de día.
Hay más días que ollas.
A nadie le amarga un dulce.
Hoy que tengo para pan, ya no tengo dientes.
Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
Las lágrimas de una viuda rica se secan pronto.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
A quien cuece o amasa, de todo le pasa.
Duélete carnero, que hay fiesta en el pueblo.
La que da beso da d'eso.
Pan duro, pero seguro.
Difama, que algo queda.
Una sola palabra puede decidir un negocio. Y un solo hombre, la suerte de un imperio.
La novedad de hoy es lo antiguo de mañana.
Otros tiempos, otros modos.
Aprovéchate Matías, que no es de todos los días.
Esto es el pan nuestro de cada día.
Guardaré hoy que puedo; que quizás mañana no mueva un dedo.
Quien porfía, alcanza hoy u otro día.
Una idea de último momento es buena, pero la precaución es mejor.
Panadera érades antes, aunque ahora traéis guantes.
Días que pasan de enero, ajos que pierde el ajero.
¿Usted qué come que adivina?
Huevos solos, mil manjares y para todos.
Día vivido, día perdido.
Es mejor preguntar dos veces que extraviarse una.
Nadie ha visto el día de mañana.
Es más puntual que un ingles.
Lo que hay en España, es de los españoles.
Hay hombres como el dado: que se están de cualquier lado.
Hay más días que longanizas.
Son más los días que las alegrías.
El hábito es una camisa de hierro.
Las chicas enamoradas y los contrabandistas conocen los atajos