De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.
Necios y gatos son desconfiados.
No incluyas en la lista de tus amigos al hombre que aplasta sin necesidad un gusano
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
Jabón y buenas manos sacan limpios paños.
Para el peor rey, el mejor profeta. Para el peor pecado, el mejor mensaje.
Hablen cartas y callen barbas.
Mano de santo cura como por encanto.
No es vergonzoso preguntar, es vergonzoso no preguntar.
Jacinto, no te lo consiento, que mezcles blanco con tinto.
Cada uno con su humo.
No hay rey traidor y papa excomulgado.
A quien anda sin dinero, lo ponen de candelero.
El caballo del judío, harto de agua y bien corrido.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.
No vayas de romería, que te pese al otro día.
Quien se vanagloria de un vicio lo hace de todos
No es lo mismo hablar con el torno que con las monjas.
Comer se ha de hacer en silencio, como los frailes en sus conventos.
Carne en calceta, para quien la meta.
Ratones y falsos amigos, huyen cuando oyen ruido.
A quien espera, su bien llega.
¿Tienes té y vino? Tus amigos serán numerosos
El que este libre de culpa que tire la primera piedra.
Dios me lo dio y Dios me lo quitó, bendito sea Dios.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
No creas nunca en cielo serrano, lagrimas de mujer o cojera de perro.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
Casa revuelta, huéspedes espera.
Algún día, ahorcan blancos.
El amor y los celos, hermanos gemelos.
Marido, comprad vino; que no lino.
Nada es virtud ni pecado, mientras no sea divulgado.
Ama a quien te ama y contesta al que te llama
Cada oveja con su pareja.
La esperanza alegra el alma.
Un hombre cojo aún puede montar a caballo, un hombre sin manos aún puede pastorear ovejas y un hombre sordo aún puede matar; mejor es estar ciego que arder en la pira funeraria. Son los muertos quienes no pueden hacer nada.
Donde quiera que pone el hombre la planta, pisa siempre cien senderos.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
Ni son todos los que están, ni están todos los que son.
Sé constante en tu corazón; haz firme tu pecho; gobierna no solo con tu lengua. Si la lengua del hombre fuese el timonel de una embarcación, el Dios sería su capitán.
Las lentejas y la carne de oveja, el que quiere las toma y el que no la deja.
Pedir peras al olmo.
Diablo te hiciste porque padre no tuviste.
Quien tiene prisa en el amor tiene prisa en el odio
Más confío en el trabajo que en la suerte.
No se puede estar en la procesión y repicando.
Aceite y vino, bálsamo divino.
Sospechar y temer, enemigos del placer.