Quien no tuviese que hacer, que arme navío o tome mujer.
Arreboles al ocaso, a la mañana el cielo raso.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Cargado de hierro y cargado de miedo.
Fantasmas y fantoches, a troche y moche.
Las letras y la virtud, mocedad y senitud.
A gordo mendigo pocos dan zatico.
Oídos que bien oyen, consejos encierran.
La práctica hace al maestro.
Quien a mano ajena espera, mal yanta y peor cena.
Al pino por donde vino.
Quien tras putas anda y su hacienda les da, en el hospital parará.
Campo florido, campo perdido.
Vuelve a tu menester, que zapatero solías ser.
La abadesa más segura, la de edad madura.
Si te queda el saco.
Ofrecer el oro y el moro.
La vida es corta como la escalera de un gallinero y encima repleta de mierda.
Amistad fundada en el vino dura como el vino; solo una noche
El mundo es de los audaces.
El que fía lo que tiene, a velar se queda.
Cuando te vayas a casar, manda a los amigos a otro lugar.
El otoño verdadero, por San Miguel el primer aguacero.
Casa sin fuego, cuerpo sin alma.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
Males comunicados, son aliviados.
Las palabras vuelan, los escritos se conservan.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
Come santos, caga diablos.
Amor de puta y convite de mesonero, siempre cuesta dinero.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
Quien casa una hija, gana un hijo.
El que tiene lengua a Roma va.
El viejo por no poder y el mozo por no saber, dejan las cosas perder.
Todos nacimos en cueros; y aunque la vanidad nos viste, la tiera nos dejará en los huesos.
Todo el mundo es generoso dando lo que no es de ellos.
Vive de ilusiones el tonto de los cojones.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
Pan, vino y ajo crudo, y verás quien es cada uno.
Pescador de anzuelo, a su casa vuelve con duelo.
El hablar es plata y el callar es oro.
Llena o vacía, casa que sea mía.
La casa es necesaria, para el rico y para el paria.
La ilusión del cazador, a una mentira otra mayor.
Febrero y las mujeres, entre cuatro paredes.
Murmura la vecina de la casa ajena, y no murmura de la suya que se le quema.
Siempre que haya en este mundo amigos íntimos, estarán tan cerca como simples vecinos aunque se encuentren en los confines más remotos.
Quien en un año quiere ser rico, al medio le ahorcan.
A días claros, oscuros nublados.
En vino y en moro, no pongas tu tesoro.