De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Parto malo, e hija en cabo.
Zangamanga mal fraguada, solo a los bobos engaña.
Yo que me callo, me quedo sin gallo.
El jornal del pobrete, por la puerta entra y se va por el retrete.
Jinca la yegua.
Cercón lleva la luna, mi amor se moja.
El que quiera vivir poco, y ese poco con dolor, tome a la noche naranja y a la mañana limón.
Abogacía, que una boga y otra cía.
Cada cual cuenta de la feria como le va en ella.
Humildad y paciencia, ambas van por una senda.
Del hombre arraigado no te verás vengado.
Te casaste, te entera.
Muy amigos, pero el borrico en la fermoso.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
El creído majadero, pierde más que el consejero.
Fuiste virgo y viniste parida; ¡muchas querrían ir a tal ida!.
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
Si tienes riqueza, da trabajo para compartir la pobreza.
Ni tan calvo ni con siete pelucas.
Más vale tuerta que muerta.
El que tiene capa, escapa.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
A fuerza de villano, hierro en mano.
Cuando vivas entre zorros, zorrea tu un poco.
Reniego del amigo que me encubre el peligro.
Con el engañador, se tú mentidor.
El que sabe, sabe y el que no aprende.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
Al que bien come y mejor bebe, la muerte no se le atreve.
Ganar sin guardar, poco es de estimar.
Mucho ojo, que la vista erro.
Es estólido quien toma, la sátira como broma.
Al viejo pelele, todo le duele.
Las mujeres son como las veletas: solo se quedan quietas cuando se oxidan.
El que no quiera ver visiones que no salga de noche.
El perezoso siempre es menesteroso.
Empréñate del aire, compañero, y parirás viento.
La mujer, generalmente hablando, está, generalmente, hablando.
Fruto de corral ajeno, es más barato y más bueno.
Un hombre, una palabra; una mujer, una carretada.
Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
Yo que callo, piedras apaño.
Quien vale mucho hace mucho.
Al haragán y al pobre, todo le cuesta el doble.
Ándame yo caliente y ríase la gente.
A ruin, ruin y medio.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
La mujer lunarosa, de suyo es hermosa.