Hasta la hormiguilla tiene su colerilla.
El que ama, teme.
Cántaro roto, no sufre más remiendo que comprar otro.
Dar la soguilla para sacar la vaquilla.
Alforjas llenas quitan las penas.
El árbol que no da frutos, da leña.
No te metas en pleito de marido y mujer, porque se arropan con la misma sabana.
El que calla, otorga.
Bailar con la más fea.
El mucho joder empreña.
Capón de ocho meses, para mesa de reyes.
Arbol que nace torcido, nunca su rama endereza.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Indio comido indio ido.
Quien llega tarde a la fiesta, no logra cena ni orquesta.
La liebre a la carrera y la mujer a la espera.
No hay plazo que no llega, por largo que sea.
Febrero y las mujeres tienen en un día diez pareceres.
El melón y la mujer, difíciles son de entender.
Dinero ahorrado, dos veces ganado.
Mucho te quiero perrito; pero de pan, poquito.
Manos duchas comen truchas.
Amor y fortuna, no tienen defensa alguna.
Las palabras amables enfrían mejor que el agua.
El que no habla, no yerre.
En el llano como quiere el amo, en la cuesta como quiere la bestias.
Con pasteles de esperanza, nunca se llena la panza.
No hay guerra más hiriente que entre hermanos y parientes.
Variante: Ser desagradecido es ser mal nacido.
Ramal y bozal, para el animal.
Por uno que no es bueno, padece un pueblo entero.
Boca seca hace bolsa llena.
De molinero cambiarás, pero de báscula no pasarás.
Dame dineros y no consejos.
La casa la hace el hombre y el parentesco la mujer.
Pascua con luna, cabras ninguna, ovejas tal y cual.
Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.
Días se fueron y días vendrán; lo que unos trajeron, los otros se llevarán.
¿Compare, la burra, pare o no pare?.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.
En casa llena sienta bien la torta ajena.
El mayor de los pesares es arar con borrico los olivares.
Cuando el cura se va a peces, donde irán los feligreses.
Olla tiznada, bien es guisada.
No hay fuego más ardiente que la lengua del maldiciente.
Al cabo de un año, las mañas de su amo.
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
Pan candeal y vino tintillo ponen al hombre gordillo.
No quiere música Roque, ni hay tampoco quien la toque.
El que de cuando en cuando ayuna, su salud asegura.