Buey lerdo, bebe agua turbia.
A la gallina y a la mujer, le sobran nidos donde poner.
Alábate, mierda, que el río te lleva.
A la buena casada, solo su marido le agrada.
La de los huevos soy yo, dijo la gallina.
Caballo manso, tira a malo; mujer coqueta tira a puta; hombre bueno tira a pendejo.
Tu mujer te pedirá disculpas cuando la luna se caiga.
Al que madruga, Dios le ayuda.
Mucho ruido y pozas nueces.
Buena vida si refrenas tu ira.
Es mejor el amo temido que el despreciado.
La morcilla reciente, cómela con tu pariente.
A buey viejo, no se le saca paso.
De sol de tarde, Dios te guarde.
Bien te quiero y mal te hiero.
Renegad de viejo que no adivina.
Desde chica, la ortiga pica.
Pedir peras al olmo.
Buena pata y buena oreja, señal de buena bestia.
A quien cuida la peseta nunca le falta un duro.
Al que Dios no le da hijos, el diablo le da.
A gran culpa, suave comprensión.
Barriga caliente, cabeza durmiente.
Coja o tuerta, la que está junto a tu puerta.
Juego y bebida, casa perdida.
La que de alto hila, el huso la cae y el culo la pía.
Ruin señor, cría ruin servidor.
Mientras más se vive, más se aprende. Por eso había una vieja que nunca quería morirse.
A la mujer bigotuda, de lejos se le saluda.
Cuando fui nuera, nunca tuve buena suegra, y cuando fui suegra nunca tuve nuera.
Cuando se pide con fe no hay mujer que no lo dé.
Ni adobo sin ajo, ni campana sin badajo, ni viudita sin su majo.
La vejez mal deseado es.
Tienes más cara que un saco perras.
Al marido, amarle como amigo, y temerle como enemigo.
Buena burra hemos comprado.
Aquella que más se niega, más enciende el apetito.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
Bella por natura, hasta la sepultura.
A dos palabras tres porradas.
El perro viejo cuando ladra da consejo.
Hacienda de señores, se la comen los señores.
Beber, hasta la hez.
Cuando el viejo no bebe, cerca está de la muerte.
Riese el diablo cuando el hambriento da al harto.
En marrano y en mujer, más vale acertar que escoger.
La cabra coja, junto a la casa trota.
A quien cuece o amasa, de todo le pasa.
Cara de enferma y culo de sana.
De la norteña y la tapatía, la primera tuya, la segunda mía.