Lo quiero, para ayer.
La sagre es más espesa que el agua.
La vaca grande, y el caballo que ande.
Boca que mucho se abre, o por sueño o por hambre.
Ponerse la tapa en la cabeza
Dios es más grande que el mundo.
A quien da y perdona, nácele una corona.
Lo pasado, pasado, y lo mal hecho, perdonado.
Cuentas viejas líos y quejas.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.
Le pedí a Dios todo para gozar la vida, Él me dio vida para gozarlo todo.
A palabras de borrachos oídos de cantinero.
Enamorado y loco, lo uno es lo otro.
Le dijo la sartén al cazo.
Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad.
Lo que tiñe la mora, otra verde lo decolora.
La barca pasa, la orilla queda
Pasión tapa los ojos a la razón.
La muerte es lo único seguro que tenemos en la vida.
Quien te administra, a tu costa se suministra.
Olla con jamón y gallina, ¡canela fina!.
Harto es bobo quien se mete en la boca del lobo.
Jugador de mingo, pagador de mesas de domingo a domingo.
Quieres más o te guiso un huevo.
Han comenzado una disputa que el diablo ya no les dejará terminar.
Amistad que dice no, amistad que se perdió.
Una manzana roja invita piedras.
Gato que mucho se lava, anuncia agua.
Amor que no es osado, amor poco estimado.
El amor presencia quiere, y sin ella, pronto muere.
Los hijos de mis hijas, nietos de mi corazón; los hijos de mis hijos, no se si son o no son.
Amores, dolores y dineros, no pueden estar secretos.
El agua arruina el puente y el vino la mente
Chimenea acabada, a los tres días ahumada.
A bloque, la casa en roque.
Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.
Jugar a dos barajas.
El hijo que está en casa no es estimado por los padres.
Cada día olla, amarga el caldo.
La soga se rompe por lo más fino.
El que de mozo no corre su caballo, lo corre de casado.
El diablo está en los detalles.
Ni bonita que admire, ni fea que espante.
El hambre viene sola, pero no se va sola.
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
Muerto el perro, se acaba la rabia.
La vida es grata, a quien bien la acata.
Si quieres ser estimada no te roces con cualquiera, que la fruta mayugada se pudre y no hay quien la quiera.
Cuando uno más la precisa, es la suerte más remisa.
Cuando una desgracia amaga, otras vienen a la zaga.