Siéntate, si así quieres, sobre el corazón de un león, pero nunca sobre el de un hombre.
Bien ora quien bien obra.
Es puerco de la misma manada.
Quien no ama no vive
El que huye, obedece.
El que da, recibe.
Galgo que va tras dos liebres, sin ninguna vuelve.
Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.
Mira a quien está sobre ti como a tu padre, y a quien está debajo como a tu hijo.
Dáis por Dios al que tiene más que vos.
A rocín de halconero, mal le medra el pelo.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe.
Más ordinaro que pesebre con prostíbulo.
El ejemplo es el idioma más persuasivo.
La verdadera amistad no se hiela durante el invierno
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
El que a la bodega va y no bebe, burro va y burro viene.
Se pilla al mentiroso, antes que al cojo.
Juez que de la equidad es amigo, ese quiero yo para mi litigio.
Nota: también atribuida a Arthur Rubinstein
Quien su palabra no mantiene, a las consecuencias se atiene.
Repartió Dios, y le tocó el cielo.
El vino con el amigo.
Hijo ajeno, mételo por la manga; salirse ha por el seno.
El que no está contra ti, está contigo.
Hijo casado, vecino airado.
Casado delgado y fraile tripón, ambos cumplen su obligación.
Puede llamarse hombre honrado, quien es y lo ha demostrado.
Yerro es tomar oficio ajeno y dejar el propio.
Muy bueno no puede ser quien indulgente no es.
Júntate, que junto estabas.
Quien lee y escribe no pide pan.
Breve habla el que es prudente.
El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.
En arca abierta, el justo peca.
Come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero.
El que de amarillo se viste a su hermosura se atiene.
Abad halagüeño, tened el cuello quedo.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.
Bendito y alabado; que amanezco vestido y calzado.
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
La religión cala siempre en los estratos pobres
Hablando se entienden los blancos.
Cree en Dios pero amarra los camellos.
De escarola y agua bendita, cada uno toma lo que necesita.
El amor es el premio del amor
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.