Al pasar San Antón, sastres al sol.
En casa como porquero, y en la calle, caballero.
Quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda.
Ojo al dinero, que es el amor verdadero.
Hijo de gato caza ratón.
Con pan, vino y queso, no hay camino tieso.
En priesa me ves, y doncellez me demandas.
Intimidades, solo en las mocedades.
El que no asegunda no es buen labrador.
Quien sabe esperar, sabe lograr.
Interés, cuánto vales.
Es del hombre condición, como del cabrito, o morir muy pequeñito o llegar a ser un cabrón.
En la iglesia el primero que roba es el sacristán.
Mientras el cuerdo duda, el loco emprende y termina la aventura.
Justo es que pierda lo suyo, quien robar quiso lo tuyo.
Amor con amor se paga.
Las migas de pan a las dos vueltas ya están, las del pastor cuando más vueltas mejor.
Comer ajo y beber vino no es desatino.
Aprovecha el tiempo, que vale cielo.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
La paja solamente se ve en el ojo ajeno.
Quien no sabe, no vale nada.
Sentarse en las cenizas entre dos banquillos
Ladrón de casa, todo lo arrasa.
La mujer y la guitarra, antes de usarla, templarla.
Ni son todos los que están, ni están todos los que son.
Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto.
Ir contra la corriente, no es de hombre prudente.
Huyendo del hoyo caí en el arroyo.
A lo que está de moda, todo el mundo se acomoda.
Los besos son como las cerezas: uno lleva a otro
Adentro ratones, que todo lo blanco es harina.
Ir y no volver, es como querer y no poder.
La belleza lleva su dote en el bolsillo
Mientras cuentas las estrellas te rodea la oscuridad más profunda
Media vida es la candela; pan y vino vida entera.
Olla con jamón y gallina, ¡canela fina!.
El llanto sobre el difunto.
Han comenzado una disputa que el diablo ya no les dejará terminar.
A fuerza de martillar, el herrador deja de herrar.
Que quiera, que no quiera, el asno ha de ir a la feria.
El vino debe tener tres prendas de mujer hermosa: buena cara, buen olor y buena boca.
Dar la callada por respuesta.
A la zorra, candilazo.
No le mires la espiga en el ojo ajeno, sin ver la que hay en el tuyo.
Aprende a escuchar y sonríe al hablar si quieres agradar.
La esposa ideal es la que es fiel, pero intenta ser tan bella y amable como si no lo fuese
Hay más sabiduría escuchando que hablando.
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
De perdidos, al río.