Fruta nueva? ¿quién no la prueba?
Enero mes de frío, nieve y puchero.
Honra sin provecho no duerma bajo mi techo.
Detrás de un hombre capaz hay siempre otro hombre capaz.
Amor y calentura, en la boca se asegura.
De la boca del ladrón, todos lo son.
Donde la puerta te abren, honra te hacen.
A lo bobo, a lo bobo en todo me meto y de todo como.
Hombre anciano, cuando muere poco llorado.
Siempre friegan los platos los mentecatos.
Hierba segada, buen sol espera.
El cornudo es el último que lo sabe.
Al que tiempo toma, tiempo le sobra.
Por el humo se sabe donde está el fuego.
La letra mata, el espíritu vivifica.
Buenas razones cautivan los corazones.
El que se prepara para lo malo, lo recibe preparado y amortigua el golpe.
De tejas para abajo, todo el mundo vive de su trabajo.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
Joven intrépido no deja memoria.
Fuese mi madre, puta sea quien más hilare.
Echar confites a un cochino, es desatino.
El ojo del puente, el baratillo y el pan, como se estaban están.
Todo día tiene su noche, toda alegría tiene su pesar.
Nada abriga mejor que el calor de una sonrisa.
La que no tiene suegra ni cuñada, esa es bien casada.
La mujer y la sardina ha de ser pequeñina.
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia
El mendigo pide pan, pero come carne si se la dan.
A tu amigo dile la mentira, si te guarda paridad, dile la verdad.
El guaro, las mujeres y el tabaco ponen al hombre flaco.
Es más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la humanidad
Cuenta y razón conserva amistad.
No duerma tranquilo quien debe; que no hay plazo que no llegue.
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
Harina mala, mal pan amasa.
Con carne nueva, vino viejo y pan caldeal, no se vive mal.
De todos los bienes somos avarientos, menos del tiempo.
Bebido con buenos amigos, sabe bien cualquier vino.
La buena lectura, distrae, enseña y cura.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
Irse con la soga entre los cachos.
Médicos y abogados, Dios nos libre del más afamado.
Amores nuevos olvidan los viejos.
El que no cae, resbala.
Cojera de perro y lágrimas de mujer, no son de creer. (Variante: Cojera de perro y mal de mujer no hay que creer)
Partí una, partí dos, partí tres..., salieron vanas. Las palabras de los hombres son como las avellanas.
Blanco y en botella, leche.
No hace plata quien más suda, si la suerte no le ayuda.
Ni calentura con frío, ni marido en casa continuo.