Con salud y dinero, hago cuanto quiero.
Amor de madre, ni la nieve lo hace enfriar.
Por unas saludes, no te desnudes.
Una onza de vanidad deteriora un quintal de mérito.
Da el sartenazo al que tiene la sartén por el mango.
El que sigue la caza, ése la mata.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Después de la liebre ida, palos a la cama.
Una manzana roja invita piedras.
Cuando un tonto va cuesta abajo, déjalo que su camino lleva.
El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.
La amistad termina donde la desconfianza empieza.
Quien pretende lo que no merece, vive en trabajo y en él fenece.
Tal padre, tal hijo.
Donde hay nobleza, hay largueza.
Al bien, buscarlo, al mal espantarlo.
Cuando el pelo enrasa y el raso empela, con mal anda la seda.
Dios, si da nieve, también da lana.
Juegan los burros y pagan los arrieros.
La adversidad forja hombres; la buena fortuna crea monstruos.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
La sagre es más espesa que el agua.
Ama de buen grado, si quieres ser amado.
Palo dado ni Dios lo quita.
En el modo de escupir se conoce el que es baboso.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
Buenos y tontos se confunden al pronto.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
No te arrugues cuero viejo que te quiero pa tambor No te canses en pensar, si los otros han de hablar.
El que pretenda agradar a todos en lo que hace, se incomodará y no contentará a nadie.
De lo que te sobre da tu parte al pobre.
Suegra, ni de caramelo.
El que con locura ama, nunca llega hasta la cama.
Huye del mulo por detrás, del toro por delante, y de la mujer por todas partes.
De luengas vías, luengas mentiras.
Abogacía que no zorrocía.
Gracias pierde quien promete y se detiene.
Come y bebe, que la vida es breve.
A cada paje, su ropaje.
A quien te quiere bien, en la cara se le ve.
Jilgueros y ruiseñores, bonísimos cantores.
La palabra es playa, el silencio oro.
El vino debe tener tres prendas de mujer hermosa: buena cara, buen olor y buena boca.
La cortesía es de quien la da y no de quien la recibe.
Al mal tiempo buena cara, y al hambre guitarrazos.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
Quien tiene candela, jamás se congela.
La sal y los consejos solo se dan a quien los pide
El yerro encelado, medio perdonado.
Bendita la casa que a viejos sabe.