Ni por casa ni por viña, cases con mujer mezquina.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
Juego y bebida, casa perdida.
Más vale ser desconfiado, que amanecer engañado.
Buen cazador, mal labrador.
El corazón no envejece es el cuero el que se arruga.
Tenés cola que te machuquen.
O todos moros o todos cristianos.
Cuando el vil enriquece, no conoce hermano ni pariente.
Tan bien parece el ladrón ahorcado, como en el altar el santo.
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
Aquél es buen día, cuando la sartén chilla.
El tiempo descubridor de todas las cosas.
Más vale el humo de mi casa que el fuego de la ajena.
El vino malo es mejor que el agua buena.
Ley puesta, trampa hecha.
Quien el incendio busca o se quema o se chamusca.
Abrojos, abren ojos.
El Rey es poco para su porquero.
Reniego de la tierra donde el ladrón lleva al juez a la cadena.
Hay cabalgadura que le viene grande su herradura.
Cierra la puerta del establo antes que te roben la vaca.
El luto de la abuela, corre que vuela, y el del abuelo, lo que dura el duelo.
El que peca de modesto, es tirado en un cesto.
Si los tontos volaran, quince años nublado.
A mala suerte, envidia fuerte.
La mujer y la guitarra, antes de usarla, templarla.
Boca abierta, dientes de oro.
La zagala y el garzón, para en uno son.
Más honran buenos vestidos que buenos apellidos.
El pobre es un extranjero en su país.
Bizcocho de monja, fanega de trigo.
Contigo, pan y cebolla.
La botica abierta y el boticario en la puerta.
El miedo guarda la viña.
Ni camino sin atajo ni campana sin badajo.
Diga mi vecina, y tenga mi costal harina.
Buscar aguja en un pajar, es naufragar.
Más vale un "por si acaso" que un "¡válgame Dios!".
De nada sirve lo ganado, si no está bien empleado.
Machete cuto, estáte en tu vaina que nada te pasará.
Los amigos van y vienen, los enemigos se acumulan.
El oro legítimo no teme al fuego.
Orejas curiosas, noticias dolorosas.
Acude al sabio para el consejo y al rico para el remedio.
Hombre ocioso, hombre peligroso.
Caballito de cartón, ni andante, ni galopante, ni trotón.
Mal se aviene el Don con el Turulaque.
Los extremos nunca son buenos.
El que no tiene alforjas ni barril, todos saben adónde ha de ir.