Hablar poquito, y mear clarito.
El hombre no puede saltar fuera de su sombra.
Ni ojo en carta, ni mano en plata.
El amor hace iguales a los que no lo son.
Caldo de gallina y precaución, nunca dañaron ni ha hembra ni a varón.
Hablando se saben las cosas, callando se ignoran.
Para roer, la cabra, y para el colchón, la lana.
Todo es nada lo de este mundo, si no se endereza al segundo.
La esperanza es el pan de los pobres.
A quien celos no tiene, no tiene verdadero amor.
El amor, de necios hace discretos.
El que no está contra ti, está contigo.
El mal llama al mal.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
No confíes del peón que tiene las manos finas.
Irse uno bestia y volver asno, no es milagro.
Jóvenes a la obra, viejos a la tumba! Manuel
Muchachada que quiere ser casada, difícil es ser gardada.
Quien busca mucho, al fin topa, aunque sea una muda de ropa.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
Preferir ser jade en añicos antes que una teja entera.
Escarba la graja, mal para su casa.
Es mejor una mirada al frente que dos hacia atrás.
Variante: A caballo dado no se le ve (el) colmillo.
Cuando el abad lame el cuchillo, malo para el monaguillo.
A las mujeres bonitas y a los caballos buenos los echan a perder los pendejos.
Malo un rico empobrecido, peor un pobre enriquecido.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Vale más rodear que mal andar.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
El que me hace más bien de lo que suele, o engañado me ha o engañarme quiere.
Compra con tu dinero, y no con el ajeno.
Casa donde hay ruda, el ángel la saluda.
El pastel de arroz del otro parece más grande.
Cuando Dios amanece, para todos lo hace.
En hacer bien nunca se pierde.
Grano a grano, se llena el granero.
Tarde, o temprano, todo lo sabe fulano.
Cayendo el muerto y soltando el llanto.
Hay quien no ve su camino.
Enamorado y loco, lo uno es lo otro.
Quien hace el principio y no el cabete, tanto pierde como mete.
Ante la duda, la Charly.
Al comer, al tajadero, al cargar, al cabestrero.
Hay dos cosas por las cuales un hombre, no debe enojarse: Lo que puede remediarse y lo que no puede remediarse.
El que avisa no es traidor.
Dinero en la bolsa, hasta que no se gasta no se goza.
A los pendejos ni Dios los quiere.
La apariencia hermosa y por dentro es otra cosa.
Ortiga me quemó y mastranzo me sanó.