¿De que vas, Santo Tomas?
Pies, ¿para qué os quiero?.
Frente al ahorcado, no se mencione lazo.
El aburrimiento es consecuencia de la pereza
Tres pocos valen más que muchos: poco sol, poca cena y poca pena.
Con lo que Sancho sana, Domingo adolece.
Por San Eugenio, la leña en el hogar y las ovejas a encerrar.
No esperes que otro haga por lo que a ti se te paga.
Primero es Dios que todos los santos.
Vecina de portal, gallina de corral.
Por San Antón, gallinita pon; y por la Candelaria, la buena y la mala.
Dolor de cabeza quiere yantar, dolor de cuerpo quiere cagar.
Mejor es un hombre cuya charla permanece en su vientre, que el que la prefiere de manera injuriosa.
Amigos, amigos, pero la cebada a dos reales.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
A buen adquiridor, buen expendedor.
El sol siempre reluce.
Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
Si el hombre se lanza a buscar el éxito en la ejecución de un momento, lo anula.
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
Es más entrador que una pulga.
No te asombres por poca cosa.
La adversidad forja hombres; la buena fortuna crea monstruos.
A quien hace mal, uno, al lisonjero, ninguno.
Nadie se apresura para pagar y si todos para cobrar.
El buen vino, en cristal fino; el peleón, en jarro o en porrón.
No se debe escupir al cielo.
Entre camellos nadie se burla de las jorobas.
Quien hace, aplace.
El buen caballo de ladridos no hace caso.
Con un fraile no puede nadie, con dos, ni Dios, con una comunidad, ni la Santísima Trinidad.
Cuando hay sospechas, haya cautela.
Brasa trae en su seno, la que cría hijo ajeno.
Probando es como se guisa.
A bicho que no conozcas, no le pises la cola.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
Han comenzado una disputa que el diablo ya no les dejará terminar.
No hay mejor equipaje para llevar encima que la cordura y la mente clara. En tierras lejanas es más útil que el oro y saca al pobre de los apuros.
Quien dineros ha de cobrar muchas vueltas ha de dar.
No es oro todo lo que reluce, ni harina lo que blanquea.
Recibir es mala liga, que el que toma a dar se obliga.
Después de la resaca viene la pleamar.
Hay tres cosas que nunca vuelven atras: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.
La mejor bellota es para el peor marrano.
El que huye, obedece.
Juez con prisa, juez que yerra.
El que parte y comparte, se queda con la mejor parte.
Baje la novia la cabeza y cabrá por la puerta de la iglesia.
Ante la duda, la Charly.
A espaldas vueltas, memorias muertas.