Lo que te dice el espejo no te lo dice tu hermana carnal.
Esto es como para mear y no echar gota.
Ni comas crudo ni andes a pie desnudo.
Hacerse la boca agua.
Nunca te cierres la puerta, que el mundo da muchas vueltas.
Jacinto, no te lo consiento, que mezcles blanco con tinto.
Quien mucho vino bebe, a sí se daña y a los otros hiere.
Oculta el bien que haces, imita al nilo que oculta su fuente.
De mujer que es madre, nadie nunca mal hable.
Bebe leche y bebe vino, y te conservarás lechuguino.
El que llega tarde, no bebe caldo
No recomiendes a nadie sino quieres que te reclamen.
Trata con escama y tino a los que no beben vino.
Donde tengas la olla no metas la polla.
Eso dicen las malas lenguas y la mía que no es tan buena.
El beber es hidalgo, y el comer es villano.
Aquella que la alza una vez, la alza siempre.
Agua, poca, y jamón, hasta la boca.
Con agua de malvavisco, se cura hasta el obispo.
Agua fría y pan caliente, mata a la gente.
Año de brevas, nunca lo veas.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Mierda que no ahoga, todo engorda.
No le llames trigo hasta que esté en el silo.
El agua para los bueyes y el vino para los reyes.
El agua derramada es difícil recogerla.
A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Día de agua, taberna o fragua.
No hagas bien por el concejo, ni compres burro viejo.
Nunca se acuesta uno sin saber unas cosa nueva.
Agua de enero, todo el año tiene tempero.
Del cura, lo que diga; del médico, lo que haga; y del boticario ni lo que diga ni lo que haga.
Agua al higo, que ha llovido.
No digas que eres pobre a quien no te puede hacer rico.
Muerto al agua, borrasca segura.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Si te aplauden, nunca presumas hasta saber quién te aplaudía.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
No te fíes de quien de ti desconfíe.
No te alabes antes de que acabes.
No digas cuatro hasta que no lo tengas en el saco
No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos. Proverbios 3:7-8
Nunca falta un pelo en la sopa.
El vino no tiene vergüenza.
No juzgues el barco desde tierra
Cena sin vino, ni olla sin sal, no es manjar.
Aunque tengas mucha suerte, nunca juegues con la muerte.
El corazón de una persona mala nunca es puro.
El que come y no da, atragantado morirá.