La miseria es como la tos, no se puede esconder.
Mal es sufrir, pero sufrirlo mal es mayor mal.
Los celos son el amor propio de la carne
De un cólico de acelgas nunca murió rey ni reina.
La ciática no se cura, con cualquier barata untura.
No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. Proverbios 3:11-12
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
El que llora su mal, no lo remedia
No ojos que lloran, sino manos que laboran hacen falta para remediar males.
Mal duerme quien penas tiene.
Nunca viene una desgracia sola.
Jamás rico será el que lo de otro en lo suyo no meterá.
Cuenta tus faltas y deja las ajenas.
El que no se consuela es por que no quiere.
Quien acecha por agujero, ve su duelo.
No hay mujer más buena que la mujer ajena.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
Al hombre afligido, no le des más ruido.
Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
La pobreza no es un delito, pero es mejor no mostrarlo.
Una alegría esparce cien pesares.
El placer es víspera del pesar.
Quien ofende al amigo no perdona al hermano
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.
El casado por amor vive vida con dolor.
Es una pena ser viejo, pero no lo es todo el que quiere.
Nunca te metas con una más jodia que tu; porque se joden los dos.
Al amigo no apurarlo ni cansarlo.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
Gente pobre no necesita criados.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
Una desgracia, a cualquiera le pasa.
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
Desde que se hicieron las excusas nadie queda mal.
Repara en la casa ajena, y hallarás chica tu pena.
Soportar y perdonar es buena filosofía.
En la casa que no hay de comer, todos lloran y saben porqué.
A veces se llora de alegría.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
No me castigues con el látigo de tu desprecio.
Hijo malo, más vale doliente que sano.
Sufro y callo, por el tiempo en que me hallo.
Todos llevamos una cruz colgada; unos suave y otros pesada.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
Bien está quien se desvela, si no es por dolor de muela.
La muerte a nadie perdona.
Pegue una aguja y se perfore (para ver cómo lastima) antes que usted perfore en otros.
Esperar salud en muerte ajena es condena.
Quien guarda valores, padece temores.