Después de la victoria, aprieta el casco.
Todo bicho que camina, va a parar al asador.
De lo que ganes, nunca te ufanes; y de lo que pierdes, ni lo recuerdes.
Al que madruga, Dios le ayuda.
Date buena vida, temerás más la caída.
Agua de bobos, que no llueve, y nos calamos todos.
Año de hierba, año de mierda.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
Como el burro del aguador, cargado de agua y muerto de sed.
Cuando hay orden, hay muy poco que hacer.
El tiempo es oro y el que lo pierde tonto.
Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
En esta vida tan loca, uno es el que baila y otro es el que toca.
Saco lleno no se dobla. Saco vacio no se para.
A hombre de dos caras, hombre de buena espalda.
Tal el hombre debe ser, como quiera parecer.
Ni invierno viñatero, ni en otoño sembrador.
Agua y luna, tiempo de aceituna.
Hay más tiempo que vida.
Donde quiera que fueres, haz lo que vieres.
Al hambre no hay pan negro.
Aire de Levante, agua delante.
A árbol caído, todo son piedras.
Si no te equivocas de vez en cuando, quiere decir que no estas aprovechando todas tus oportunidades.
Mucho ruido y pozas nueces.
Va para atrás como el cangrejo.
Boda buena, boda mala, el martes en tu casa.
Año tardío, año medio vacío.
A la mujer, ni todo el amor, ni todo el dinero.
Nadie se meta donde no le llaman.
Dios perdona siempre, los humanos a veces, la naturaleza nunca.
De las mujeres bellas y de las flores de mayo se va la belleza en un día
Pan y vino y carne, a secas.
Lo que ha de ser, va siendo.
Perder es mucho ganar, si no has de volver a jugar.
Llevar adarga para viivir vida larga.
La virtud es de poco sueño.
Febrerillo corto con sus días 28, si tuviera más cuatro, no quedaba ni perro ni gato.
A beber y a tragar, que el mundo se ha de acabar.
Lo que sea de la mar, todo es azar.
Cada uno como pueda se explique, y se rasque donde le pique.
Nunca falta Dios a los pobres.
Fruta de locos, míranla muchos y gózanla pocos.
No se tiene el alma de una amigo sin dar el alma
Para cada hombre sabio hay un más sabio.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
Un bellaco cree que nada se puede hacer sin bellaquería.