A donde fueres haz lo que vieres.
No retengas a quien se va, ni rechaces a quien llega.
Los encargos con dinero no se olvidan.
Sol madrugador y hombre callejero, no los quiero.
Dejar de comer por haber comido no es tiempo perdido.
A hombre recién levantado, ni le propongas negocios ni le pidas un prestado.
Dos no riñen si uno no quiere.
Afanar y no medrar es para desesperar.
Al que teniendo cama duerme en el suelo, no hay que tenerle duelo.
Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.
Ni al niño el bollo, ni al santo el voto.
Quien ríe el viernes, llora el domingo.
No alabes ni desalabes hasta siete Navidades.
Buen amigo ni buen yerno se hallan presto.
Comida gustosa: un poquito de cada cosa.
Abril, lluvias mil. Y si nos sale cabrón, lluvias a mogollón.
Junta lo bueno con lo malo, y malo se volverá todo ello.
Queda sin compañeros el hombre exigente hasta en los últimos detalles.
Si no existiera la gente común tampoco existirían las personas extraordinarias.
No es pobre el que poco tiene, pero sí lo es el que vive con gran avidez.
El que nace postrero, llora primero.
Para el pan ralo, no hay año malo.
Por pulido que sea, no hay culo que no pea.
Llueve sobre mojado.
Cuesta poco prometer lo que jamás piensan ni pueden cumplir.
No hay peor tienda que la vacía.
No hay plazo tan lueñe que no lo tema el que debe.
Los falsos amigos y las deudas, siempre llegan sonriendo.
El agraviado, nunca desmemoriado.
A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.
Quien vive sin disciplina, muere sin honor.
Regla para bien vivir, callar después de ver y oir.
Después del arroz, pescado y tocino, se bebe buen vino.
Come el gato lo que no se halla a buen recaudo.
Lo que haces, encuentras.
Aqueste tu apetito baja, que con vejez o muerte, todo pasa.
Por lo demás, paciencia y barajar.
Socorro tardío, socorro baldío.
Quien no puede tener la pulpa, se contenta con el hueso.
Quien come aprisa, come mal.
En las cosas del espíritu el que no avanza, retrocede.
Un manjar continuado, enfada al cabo.
Las palabras y las cerezas, unas asen de otras.
El que a hierro mata , a hierro muere.
Nada es más fácil de hacer que aconsejar y reprender.
Mal ajeno, a nadie le importa un bledo.
El tiempo cura al enfermo, que no el engüento.
Llevando y trayendo se pasa el tiempo.
El que debe y paga, descansa.
El que busca, encuentra.