Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
No gastés pólvora en chimancos.
El muerto en la guerra no sacó ningún provecho.
Predicar en desierto, sermón perdido.
El dueño del perro no obedece a su perro.
Al que mintió una vez, nunca se le creyó.
Suegra, ni de caramelo.
El ojo del amo hace más que sus manos.
Por San Antón, gallinita pon; y por la Candelaria, la buena y la mala.
Al que escupe para arriba, le cae en los ojos.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Miente tu por mi, y yo jurare por ti.
Tres cosas matan al hombre: soles, cenas y penas.
La de los huevos soy yo, dijo la gallina.
Santa Catalina nos libre de muerte repentina.
No metas a tu casa a quien te sacara de ella.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
Al que le venga el guante que se lo calce.
A una bola no se le puede sacar punta.
Una alcachofa se pela hoja por hoja.
Torres más altas cayeron.
Ni por salvar la vida es licita la mentira.
Más vale mendrugo que tarugo.
El que canea, no calvea.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
Muy amigos, pero el borrico en la fermoso.
Chimenea nueva blanca unos días, y al cabo negra.
Juego de manos es de villanos.
Oficio merdulero, criar al hijo y después al nieto.
El más abusado se ahoga en el vado.
Por los Santos, siembra trigo y siembra cardo.
La ley es firme de cola, pero quien quiere la viola.
El yerro del médico, la tierra le tapa; el del letrado, el dinero le sana.
¿Adónde irá el buey que no are, sino al matadero?.
Te cierran una puerta y te abren diez.
En martes, y tu hijo cases, y tu cerdo mates.
En la causa está el remedio.
Casa de mantener, castillo de defender.
El bobo todo lo sabe hacer cuando no es menester.
Más ablanda el dinero que palabras de caballero.
El que no tiene quehacer desbarata su casa y la vuelve a hacer.
Si el cuquillo no ha venido el 25 de abril, o se ha muerto, o lo han matado, o es que no quiere venir.
El que apura su vida, apura su muerte.
Borriquillo moruno, vivo cual ninguno.
Alegrías secretas, candela muerta.
Cuando el abad está contento, lo está todo el convento.
El labrador antes sin orejas que sin ovejas.
No hay majadero que no muera en su oficio.
El mal del cornudo, él no lo sabe y sábelo todo el mundo.
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.