Reniego de grillos, aunque sean de oro fino.
Madre vieja y camisa rota no es deshonra.
Casa sin mujer y barca sin timón, lo mismo son.
El pez grande en la mar se hace.
No son las malas hierbas las que matan el trigo sino la negligencia del agricultor.
Nadie quiere la salud más que el paso.
Muchos nacimientos significan muchos entierros.
El que tiene hijos vive como un perro y muere como un hombre; y el que no los tiene, vive como un hombre y muere como un perro.
En los grandes aprietos, crece el entendimiento.
Al que no admite consejo no se le puede ayudar.
Barba remojada, medio afeitada.
Viejo que paga compañía, mantiene tres casas en un día.
Los más completos varones, se amarran los pantalones.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
El pepino en el gazpacho, y los negocios en el despacho.
Roma, acuerdos y locos doma.
El mejor marido, el que más ha corrido.
Dios ayuda al que mucho madruga.
Yo te hice y tú me enseñas.
Quien tiene prisa en el amor tiene prisa en el odio
La gente discreta, no suelta la jeta.
No hay dos sin tres.
Campana de latón, tiene mal son.
Cada cual hable de aquello que sabe, y de lo demás que calle.
El zorro cree que todo el mundo come pollo como él.
Algo bueno trae la adversidad consigo; que ahuyenta a los falsos amigos.
El árbol no niega su sombra ni al leñador.
Quien se pone ropa ajena, no puede decir que estrena.
Con los años que me sobran y los dientes que me faltan no me cambio con usted.
En la prueba está la solución. Si Dios te da limones, haz limonada.
Con albarcas y sin afeitar, de Gumiel de Izán.
Las enfermedades son el impuesto que se paga por los placeres prohibidos.
Año de avispas, año de nieves y ventiscas.
A mi, mis timbres.
Sin harina no se camina.
Esto es como una cena de negros.
Luce y reluce el buen vino, en buen vaso cristalino.
En casa llena no hay mujer mala.
Cuando canta la rana, buena semana.
Cuando fueres por el camino no digas mal de tu enemigo.
El honor y el ocio no suelen ser buenos compañeros.
La verdad que daña es mejor que la mentira que alegra.
En tu casa no tienes sardina y en la ajena pides gallina.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
Desde torre o azotea, bien se otea.
No te alabes antes de que acabes.
Por San Vicente, alza la mano de la simiente.
La pasión y el odio son hijos de bebidas que embiagan.
Quémese la casa sin que se vea el humo.
Compañía no engañosa, yo y mi sombra.