Mas mata la duda que el desengaño.
No con quien naces, sino con quien paces.
La iglesia abierta y el sacristán en la puerta.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
Dar el consejo y el vencejo.
La mujer y la gallina, por andar se pierden aína.
La que de treinta no sacó novio, tenga el humor del demonio.
Lo que te dice el espejo no te lo dice tu hermana carnal.
Si engañas a tu pareja, te engañas a ti mismo.
Las mujeres y el vino hacen errar el camino.
Sin precio no se han las mujeres.
Amor, con amor se cura.
Hermano ayuda y cuñado acuña.
A la muerte, no hay cosa fuerte.
Vino y mujer, te dan la vuelta y te ponen al revés.
Un juego de cartas se juega con dinero
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
Más merezco; pero contigo me conformo.
Ante la duda, la más madura.
Confesión hecha, penitencia espera.
El amo majestuoso, hace al mozo reverencioso.
La muerte nos iguala a todos.
La belleza atrae, el talento retiene y el corazón sostiene.
Caridad y amor no quieren tambor.
Con quien es cara de dos haces, ni guerras ni paces.
La buena suerte, durmiendo al hombre le viene.
La muerte y el juego, no respetan privilegios.
Dar carne al lobo.
Lo prometido es deuda.
Casa y potro, que lo haga otro.
La cama y la puerta dicen si la mujer es puerca.
El amor es una extraña criatura dulce y absurda que se alimenta de fantasía y muere de saciedad
Amistad de juerga no dura nada.
La mujer, el huerto y el molino, requieren uso continuo.
De buenas en el juego, de malas en El amor.
La muerte es puerta de la vida.
Buitres y milanos, primos hermanos.
En las siembras y en la trilla, el amor con zancadilla.
El amor empieza con los ojos y termina con la costumbre
Amistad entre desiguales, uno es señor y el otro el servidor.
Manos besa el hombre, que querría ver cortadas.
Quien con hembras no fornica, o es cachorro o es marica.
Cuando la hija le llega a la madre a la cintura, ya no tiene hija segura.
Aburrimiento y nervios son contagiosos
Renuncia solo cuando estés bajo tierra
Yerros de amor, dignos son de perdón.
El amor no se mendiga, se merece.
Muchas veces los amos son los mayores sirvientes en la casa.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
Corderica mansa mama a su madre y a la ajena.