Los falsos amigos y las deudas, siempre llegan sonriendo.
Al leñador caza, y al cazador leña.
La voz que el culo emite, no hay arrastre de silla que lo evite.
Flor sin olor, no es completa esa flor.
Por el hilo sacaras el ovillo y por lo pasado lo no venido.
Por los cuernos se agarra el toro.
Vale más una vieja que un pejeverde.
No importa que en el valle haya sombras, si en la montaña brilla el sol.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
Hermoso cagar de ventana, el culo para la calle.
En la aldea, no hay melón malo ni mujer fea.
El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro.
Si haces mal, pecado mortal; pero si haces bien, pecado también.
Mira tus culpas y tus penas, y olvídate de las ajenas.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
Lo hablado se va; lo escrito, escrito está.
A ruin, ruin y medio.
Échale guindas a la tarasca y verás como las masca.
Aunque tengas mucha suerte, nunca juegues con la muerte.
Si tienes un sirviente perezoso, pon la comida delante de él y mándalo a un recado.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.
El que se pega al televisor, pierde fuerzas y color.
Nadie fue escaso para quien bien quiso.
De tal jarro, tal tepalcate.
El pan sin ojos, y el queso con ellos.
Al que esta borracho, todo el mundo le convida.
Insistir al que es porfiado, es llover sobre mojado.
La suerte es de los audaces.
Lo que en la leche se mama, en la mortaja se derrama.
El que quiera saber, que vaya a Salamanca.
Niño con siete niñeras se queda ciego.
Refranes viejos, recortes del evangelio.
A caballo nuevo jinete viejo.
Zapatero haz tus zapatos, y déjate de otros tratos.
A amor y fortuna, resistencia ninguna.
Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.
Salud perdida, salud gemida.
Pregúntaselo a tu padre, que tu abuelo no lo sabe.
Mucho pan y poco queso, es de hombre de seso.
Acude al sabio para el consejo y al rico para el remedio.
Dale al tonto una cuerda, y ahorcarse ha con ella.
Suegra y sin dinero, al brasero.
La mujer es fuego; el hombre, estopa; viene el diablo y sopla.
El que aconseja, no paga.
¡Mira que dicha, perder el asno y encontrar la cincha!.
Por San Simón y San Judas, la habas son orejudas.
Un mal con un bien se apaga.
Fontanero remilgoso, fontanero sin reposo.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.