Boca abierta, dientes de oro.
Promesa de enamorado, promesas de marinero
Quien te altera te controla.
Arma de Dios es Cristo.
Quien la haga que la pague.
Al marido, amarle como amigo, y temerle como enemigo.
Mas trucho que el cacun vendiendo josting.
Más vale callar que con borrico hablar.
Que mañana hay misa para los sordos.
Irse con la soga entre los cachos.
El servil es tu enemigo, tu amigo debatirá contigo.
Más vale que se pierda una casa que no dos.
Aseada aunque sea jorobada.
Caerle a uno la breva en la boca, no es suerte poca.
Vino mezclado, vino endiablado.
A caballero nuevo, caballo viejo.
Agua y pan, comida de can; pan y agua, carne y vino, comida de peregrino.
A caballo regalado, no se le ve colmillo.
Zapato de tres, del primero que llega, es.
Caballo que alcanza, pasar querría.
Las palabras solo son buenas cuando van acompañadas de las obras.
El que miente, si no lo pillan, no se arrepiente.
De borrachos y panzones están llenos los panteones.
Alcanza, quien no cansa.
Ilusión es para un calvo tener en su calva algo.
Calle mojada, caja cerrada.
Las ofensas se escriben en el mármol, los beneficios sobre la arena.
Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria.
Es de sabios cambiar de mujer.
Fiar de Dios el alma, más no la capa.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
Los negocios no tienen ocio.
En los años no importa cuantos, lo importante es cumplirlos.
Ajuar de la forastera: dos estacas y una estera.
¡Este no es mi Juan, que me lo han cambiao, aquél tenía pelo y este está pelao!.
De abrigado a nadie vi morir, de desabrigado sí.
Todo tiene un fin.
Le dan la mano, y se coge el codo.
Cada cual arrima su sardina a la braza.
El amor gobierna su reino sin espadas.
Cada chupetón de teta, es un arrugón de jeta.
Una a una, pronto se le acaban al racimo las uvas.
Cuesta más vengar agravios que soportarlos.
El ojo de un amigo es un buen espejo.
Lisonja hostiga, nobleza obliga.
Amor breve, suspiros largos
En cada casa cuecen habas, y en la mía calderadas.
El enamorado que no es pulido, luego es aborrecido.
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.