Harto desatina quien a los sesenta años no adivina.
Dale, si le das, que me llamen en casa.
Garbanzos y judías, hacen buena compañía.
No desprecies a quien poco es, que algún días mucho podrá ser.
Adonde no te llaman, no vayas.
Una buena dote es un lecho de espinos
Buen podador, buen viñador.
Toro y gallo, y trucha y barbo, todo en Mayo.
Quien cuando puede, no quiere; cuando quiere, no puede.
No le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde hay.
Tanto tienes, cuánto vales.
A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
Quien se venga encontrará la venganza de los dioses
Dinero, ¿a dónde vas?, a donde hay más.
Como no soy río, atrás me vuelvo.
El que trabajando se hizo rico, vivió pobre y murió rico.
Hace mal quien lo secundario hace principal.
El que no tiene nada que decir, suele hablar de más.
Quién no gusta del vino, de Dios espere el castigo.
Tiene más dientes que una pelea de perros
Guarniciones y crin dan venta al rocín.
Estudiante memorista, pozo a simple vista.
Cabrito, ganso y lechón, de la mano al asador.
El hombre después que le roban, pone candado.
De amores el primero, de lunas las de enero.
Boca con boca se desboca.
Lo mal adquirido, se va como ha venido.
Intimidad, con ninguno; trato, con todo el mundo.
El que busca halla, y a veces, lo que no pensaba.
El que se va no hace falta.
Se coge antes a un mentiroso que a un cojo.
Yo me quejaba que no tenía zapatos, hasta que me encontré a alguien que no tenía pies.
Mi secreto, en mi pecho.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
De pico, todos somos ricos.
Del árbol caído, todos hacen su asiento.
La cortesía exige reciprocidad.
El que presta no mejora.
El que presume de honrado, presume de desgraciado.
Al que se hace de miel, las moscas se lo comen.
Ofrecer el oro y el moro.
Cuida la tienda y ella te cuidara a ti.
Pregunta al hombre con experiencia, no al hombre con estudios.
No enturbies aguas que hayas de beber.
El que nada debe nada teme.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
Si vives de fiado, vives señalado.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
No hay que pensar que porque los sapos brincan son de hule.
Agua de sierra, y sombra de piedra.