Palabra de cortesano, humo vano.
Guacharaca que come corozo, confianza tiene un su jopo.
Cara de beato y uñas de gato.
La paja solamente se ve en el ojo ajeno.
A la fuerza, ni la comida es buena.
Sarna con gusto no pica.
La envidia sigue al mérito, como la sombra al cuerpo.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
La lluvia viene después de los bosques.
La hermosura es flor de un día, hoy no luce, ayer lucía.
En tiempos de hambruna, batatas no tienen la piel.
Ya la esperanza perdida, ¿qué queda que perder en esta vida?.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
La arruga es viejera, la cana embustera.
La esperanza mantiene.
Madruga y verás, trabaja y habrás.
A barbas honradas, honras colmadas.
Tamal que es de manteca en las hojas se conoce.
La zorra muda de pelo, pero de costumbre no.
Dar en el clavo.
Dale Juana con la canasta (cuando alguien insiste mucho con un tema en particular)
Ocasión llegada presto agárrala.
La barca pasa, la orilla queda
Muchachada que quiere ser casada, difícil es ser gardada.
El que no tiene hechas no tiene sospechas.
Si digo que la yegua es parda, es porque tengo los pelos en las manos.
El habar de Cabra se secó lloviendo.
La mancha de mora con mora verde se quita. Refran español.
El que con su desgracia se conforma, su dicha se forma.
Hacienda de señores, se la comen los señores.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
Moza que mucho va a la fuente, anda en bocas de la gente.
Pezuña sobre agua, no deja huella.
Una palabra al oído se oye de lejos.
Da y ten, y harás bien.
Lisonja hostiga, nobleza obliga.
A picada de mosca, pieza de sabana.
Hacer algo de cayetano.
Madre ardida hace la hija tollida.
Quien trabaja con pereza, nunca acaba lo que empieza.
Para que alcance siempre tiene que sobrar.
Favores en cara echados, ya están pagados.
Mucho hijo puta con cara de conejo.
Dame gordura, darte he hermosura.
la ropa son alas.
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
A la ocasión la pintan calva.
Al vivo la hogaza, al muerto la mordaza.
Cacarear y no poner, bueno no es.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.