Cuatro cosas tenemos en mayor cantidad de lo que creemos: enemigos, deudas, años y pecados.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.
Al descalabrado nunca le falta un trapo, que roto, que sano.
No hay mejor condimento que el hambre.
Coge una abeja amablemente y aprenderás las limitaciones de la amabilidad.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
Las palabras no cuestan plata.
El dinero es buen servidor, pero como amo, no lo hay peor.
Juego que tiene revancha, no hay que tenerle miedo.
Dios encuentra un ramo bajo para el pájaro que no puede volar
El que atiende a la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde.
Dice Salomón: da vino a los que tienen amargo el corazón.
Donde hubo un gran mal, queda señal.
Gran constipado, culo apretado.
Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te afliges?. Y si tu mal no tiene remedio, ¿por qué te afliges?.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
El que no tiene enemigos, no tiene incentivos.
De el comer y el rascar, el trabajo es comenzar.
Bien se lava el gato después de harto.
Donde no se gana nada, algo se va perdiendo; por lo menos, el tiempo.
El placer y la alegría del hombre radica en aplastar al rebelde y conquistar al enemigo, en arrancarlo de raíz, y tomar de él todo lo que tiene
Quien vale mucho hace mucho.
El letrado y la paciencia ganan la sentencia.
De pequeños principios resultan grandes fines.
Donde bien me va, allí mi patria está.
No hay invierno sin nieve, no hay primavera sin sol y no hay felicidad sin compañía.
Asno con hambre, cardos come.
El amor, de necios hace discretos.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
Del precipitar nace el arrepentir.
Un huésped constante nunca es bienvenido.
El ser humano es bueno cuando hace mejores a los otros.
A la sombra del favor, crecen vicios.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.
Yo me quejaba que no tenía zapatos, hasta que me encontré a alguien que no tenía pies.
Qué es una raya más para el tigre.
Asno de gran asnedad, quien pregunta a una mujer su edad.
Al buen día, métele en casa.
Cara más fea, la alegría la hermosea.
Por Santa Catalina, respigos y sardinas.
Donde hay duda hay libertad.
Armas y dineros buenas manos quieren.
Amigo sin dinero, eso quiero; que dinero sin amigo, a veces no vale un higo.
Al mayor peligro, el mayor auxilio.
Casa sin gobierno, disgusto eterno.
Pasar por alto el gran saco de los defectos propios y censurar el saquito de los defectos de otro.
No hay mayor dificultad que la poca voluntad.
La lengua queda y los ojos listos.