Amor no correspondido, tiempo perdido.
La tierra no tiene sed por la sangre de los guerreros sino por el sudor del trabajo del hombre.
El que buen salto da, a sus pies se atiene.
Hacer la del humo.
Quien tuvo, retuvo.
Con hombre egoísta, ni de trato ni de vista.
El que tiene tierra, tiene guerra.
Al erizo, Dios le hizo.
El que se traga un hueso, confianza tiene en su pescuezo.
El que recibe todas las pedradas se pone el escudo.
Remienda paño y pasarás año.
Por el esfuerzo, la vigilancia, la disciplina y el dominio de sí, el sabio se crea una isla que la inundación no logra destruir.
Dios aflige a los que bien quiere.
Hombre amañado, para todo es apañado.
El caldo, en caliente; la injuria, en frío.
Para el solano, agua en mano.
Debe y paga cuanto alcances, pero cuida tus balances.
Condición es de mujer despreciar lo que dieres y morir por lo que le niegues.
Bien guardar no es poco ganar.
La prisa produce desperdicios.
La verdad es a veces amarga de tragar. Pero, como toda buena medicina, hay que tomarla.
Le puso el dedo en la llaga.
Para ganar, forzoso es trabajar.
Corazón que no tiene placer, cagaos en él.
Ijurra, ¡no hay que apurar la burra!.
Bien mereció papilla quien se fió de Mariquilla.
La sonrisa de un niño es más hermosa que la joya más valiosa.
El tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
El mal que a muchos azota, consuelo es para el idiota.
Toda virtud está siempre entre dos vicios
Un manjar continuado, enfada al cabo.
Quien nada hace, nada teme.
Carne de junto al hueso, dame de eso.
De casa en que amanece tarde, Dios nos guarde.
A la hija muda, su madre la entiende.
Hacerse el sueco.
A mal Cristo, mucha sangre.
Tan solo debes sembrar lo que puedas abonar.
Las calamidades son la piedra de toque de un hombre valeroso.
Entre la santa y el santo, paredes de cal y canto.
Amor y viento, uno se va y vienen ciento.
Para quien no tiene a la suerte de su parte, todos los días son martes.
Buenas palabras no hacen buen caldo.
Detrás de la tormenta brilla el sol.
Donde fuerzas no bastan, baste la maña.
De casa que amanece a mediodía, guárdenos Dios y Santa María.
El tiempo no perdona a nadie.
Es mejor una mirada al frente que dos hacia atrás.
Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a tí.