Bien está cada piedra en su agujero.
Lloviendo en San Juan, quita vino aceite y pan.
Ni mesa sin pan, ni ejército sin capitán.
Para olvidar un querer, tres meses de no ver.
Hay que coger al toro por los cuernos.
Ni para carga ni para silla.
El ejercicio hace maestro al novicio.
Vive cantando, muere llorando.
La gota que derramó el vaso de agua.
Para morir nacemos y olvidado lo tenemos.
Saber uno los bueyes con que ara.
A la mujer mala, poco aprovecha guardarla.
Casa vieja de madera, pronto arde entera.
Dios no da alas a las culebras; porque volando pican.
Manos frías, amor para un día, manos calientes, amor para siempre.
Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo.
Medias blancas en enero señal de poco dinero.
El amor presencia quiere, y sin ella, pronto muere.
Buen vino y buena tajada y no apurarse por nada.
Se te caes siete veces, levántate ocho.
De poniente, ni viento ni gente.
La suegra, ni aún de azúcar es buena.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
Dios aflige a los que bien quiere.
Al viejo recién casado, rechazarle por finado.
El que antes de su muerte ha plantado un árbol, no ha vivido inútilmente.
Comida sin siesta, campana sin badajo.
Fiar del mozo y esperar del viejo, no te lo aconsejo.
A la vejez, dinero y mujer.
Burro adornado, busca mercado.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.
El que mucho escoge poco coge.
La belleza passa, la sabiduría permanece.
Cada día es maestro del anterior y discípulo del siguiente.
No hay mejor espejo que el amigo viejo.
Agua de manantial, no hay otra igual.
La que por la calle pasa, es mejor que la de mi casa.
En casa mal gobernada, más vale plaza cara que despensa abastada.
Come y bebe, que la vida es breve.
La capa del diablo, lo que por un lado tapa, por otro destapa.
Nadie extienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana.
Es por bondad de corazón por lo que el cangrejo rechazó que Dios le fabricara una cabeza.
Casa hecha y viña puesta, ninguno sabe lo que cuesta.
A tu mesa ni a la ajena, no te sientes con la vejiga llena.
El que madruga, es sereno.
Hombre de muchos oficios, maestro de ninguno.
La verdadera grandeza no renuncia a la amabilidad.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Barco sin cubierta, sepultura abierta.
Chico pueblo, grande infierno.