De usar y abusar, hay el canto de un real.
Boca de miel y manos de hiel.
Las deudas de cariño, solo con amor se pagan.
El creído majadero, pierde más que el consejero.
Las treguas no son de demandar al tiempo de la muerte, ni de dar.
Nadie se meta donde no le llaman.
A mal que no tiene remedio, no hay más que ponerle buena cara.
Todos llaman a la puerta de aquel que llama a todas las puertas
Estima y ocasión, son buenas para el corazón.
La ruana no hace al arriero, ni el vestido al caballero.
Cortesía y bien hablar, cien puertas nos abrirán.
Al trabajo, yerno, que viene el invierno.
Ve delante cuando huyeres.
Nadie da palos de balde.
Obra bien terminada, a su autor alaba.
La lluvia de primavera es tan preciosa (valiosa) como el acerte.
Un viejo amigo es una eterna novedad
Gaviotas en el huerto, temporal en el puerto.
Cabellos y problemas no faltan nunca.
Toma a un hombre por la palabra y a una vaca tómala por los cuernos.
Cada uno extienda la pata hasta donde llegue la sábana.
Lo que se pierde a la salida del sol se recupera a su puesta.
Gloria mundana es gloria vana.
Cólera de amantes resurgir del amor
Más vale en paz un huevo que en guerra un gallinero.
En trece y martes ni te cases ni te embarques ni vayas a ninguna parte.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
Ningún muerto ha regresado, ni a dar un simple recado.
Gran calma, señal de agua.
Donde no hay regla se pone ella.
Dar y quitar, derechito al infierno sin descansar.
De cuarenta para arriba, ni te cases, ni te embarques, ni te mojes la barriga.
La pobre está más mamada, que teta recién casada.
Averiguelo, Vargas.
Una canción tan selecta que solo muy poca gente puede participar en el coro.
El que rompe viejo, paga nuevo.
No hay tu tía.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
A escote, no hay nada caro.
No me tientes Satanás.
A flores nuevas, afeite perdido.
Soltero maduro, maricón seguro.
De fuera venga quien la tea nos tenga.
Señorito de pueblo y caballo criado a hierba, puta mierda.
El que se fue y regreso, su nido ocupado hallo.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
La madre y la hija, por dar y tomar son amigas.
El que con cojos anda se llama bastón.
Afeminados espíritus engendra la avaricia.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.