Mujer refranes, o coja o puñetera.
Está como la reina mora que a veces canta y a veces llora.
El hambre es una fea bestia
Al que feo ama, bonita le parece.
¡Sé siempre el primero, incluso para los golpes!
Por San Juan quemó la vieja el telar.
El que quiera conquistar tiene que luchar.
Ni hombre tiple, ni mujer bajón.
Ayunen los santos, que no tienen tripas.
En casa limpia los ángeles bailan de gusto.
A cada paso, un gazapo.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
Bendito sea el mal que a los nueve meses se ha de quitar.
Ver y no tocar, se llama respetar.
Para el que no tiene capa, tan bueno es el Rey como el Papa.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
Preferir ser jade en añicos antes que una teja entera.
Plata en mano, culo en tierra.
El que recibe todas las pedradas se pone el escudo.
De las aguas mansas, líbrame Dios mío.
Más groso que el Guelpa.
Que salga el sol por donde saliere, pero que salga.
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
Espada y mujer, ni darlas a ver.
De Jaén, o fuleros o malajes.
Al que madruga Dios le ayuda, si madruga con buen fin.
Mujer de lengua certa, mujer refranes.
A casa del cura, ni por lumbre vas segura.
La primera mujer, escoba, y la segunda, señora.
Madre, casarme quiero, que dormir sola me da miedo.
Esposa mojada, esposa afortunada
Todos llevamos una cruz colgada; unos suave y otros pesada.
Yerros de amor, dignos son de perdón.
Quien guarda halla, si la guarda no es mala.
Obra hecha, dinero espera.
Para ser puta con chancletas, más vale estarse quieta.
Madre acuciosa, hija vagarosa.
No renunciar a sus esperanzas hasta llegar al río Huanghe.
Dar palos de ciego.
Dame para elegir y me darás para sufrir.
Descansa el corazón, contando su pasión.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Hay de todo en la viña del Señor.
Dios da, nunca vende.
Navarro, ni de barro
Para San Antón, busca la perdiz al perdigón.
No hay virtud y nobleza que no abata la pobreza.
Que mañana hay misa para los sordos.
Idas sin vuelta, el hombre a la horca, el pan de pastores y los potros a la feria.
El pecado te acusa.