El que hace lo que no debe, sucédele lo que no cree.
Para hilar una mentira, siempre hace falta madeja.
A capar se aprende cortando cojones.
El que nada sabe, de nada duda.
Con esfuerzo y esperanza todo se alcanza.
La noche para pensar, el día para obrar.
Amar a todos, confiar en nadie.
Es de sabios preguntar y de tontos el callar.
Hasta el ladrón desconfía del ladrón.
El que siembra, cosecha.
Hay que dar el todo por el todo.
No basta con ser buena, hay que aparentarlo.
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
A las cosas ciertas encomendaos y de vanas esperanzas dejaos.
La belleza y la verdad, las dos caras de la realidad.
El tiempo aclara las cosas.
La necesidad conduce a Dios.
Mas mata la duda que el desengaño.
La sinceridad viene del alma y se lee en el rostro de los sencillos
Quien no comprende una mirada, tampoco comprendera una larga explicacion.
Ir de capa caída.
Quien busca encuentra, aunque otra cosa sea.
A quien no le sobra pan, no críe can.
Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender.
En los ojos del patrón, verás siempre la ambición.
Te ocultas tras una red y crees que ninguén te ve.
Cuanto más se sabe, menos se asegura.
El que da, recibe.
Quien acecha por agujero, ve su duelo.
Mal juzga el arte, el que en él no tiene parte.
Más vale aprender de viejo que morir necio.
Muchas veces no son las cosas lo que parecen.
Dar caramelo.
El estudio y la experiencia, son los padres de la ciencia.
Saber mucho y decir tonterías, lo vemos todos los días.
El mal vecino ve lo que entra y no lo que sale.
Rectificar es de sabios.
Es ilusión fementida, un mundo a nuestra medida.
No hay que llegar primero pero hay que saber llegar.
Nadie entre en el bien sino mirando cómo ha de salir de él.
No falta de que reirse.
Cambiar de opinión es de sabios.
Maestre por maestre, seálo éste.
A quien en alabar lo bueno se queda corto, mírale el rostro.
Fácil cosa es pensar y difícil lo pensado dejar.
Sin dudar, no hay acertar.
Verifica siete veces antes de cuestionar a una persona.
Ganancia inocente, no lo verás fácilmente.
El que tiene a un juez como acusador, necesita a Dios como abogado.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.