En casa limpia los ángeles bailan de gusto.
El que es exagerado, siempre queda mal parado.
Es por bondad de corazón por lo que el cangrejo rechazó que Dios le fabricara una cabeza.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
No vendas el sol para comprar una bombilla.
Al viejo y al olivar, lo que se les pueda sacar.
Jamás cerró una puerta Dios, sin que abriese dos.
La costumbre de jurar y jugar, mala es de dejar.
Cuando un tonto va cuesta abajo, déjalo que su camino lleva.
Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.
Quien corteja a una casada, la vida lleva prestada.
Ruidosa corriente, no ahoga la gente.
Hagas lo que hagas, no te olvides de las bragas.
No es lo mismo uno en su tierra, que en tierra ajena.
El que es enemigo de la novia, ¿cómo dirá bien de la boda?.
Ahora al bueno le llaman tonto.
Asnos y mujeres, por la fuerza se entienden.
Mal largo, muerte al cabo.
A quien a otros ayuda, de veinte años le pare la burra.
Nada falta en los funerales de los ricos, salvo alguien que sienta su muerte.
Más vale la pequeña porción que llega con una bendición que la gran porción que llega con una maldición.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.
Los molinos de los Dioses muelen despacito, pero muy finito.
Aun el león se defiende de las moscas.
Antes del alivio viene el arrepentimiento.
Ni todos los que estudian son letrados ni todos los que van a la guerra soldados.
Dos hambrientos a un pan, mal trato le dan.
Acuéstate con perros y te levantarás con pulgas.
A hora mala no ladran canes.
Quien desprecia, comprar quiere.
A un burro le hacían alcalde, y no lo agradecía.
Si con el pensamiento se caminara, ¡cuantas horas el día contigo estara!
Burlas verdaderas, peores son que agrias veras.
Contra la gota, ni gota.
Vida de campo, hombre sano; vida de pueblo, hombre enfermo.
La cultura es como el azúcar; aunque haya poca da dulzor.
A cada cerdo le llega su San Martín.
Por las calles de Levante, el diluvio y la inundación, hacen en otoño su aparición.
Pan y vino andan camino.
No hay mayor tontería que reñir.
Al que no le saben, le inventan.
Si vas a comprar no empieces por enseñar el dinero.
Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Antes son mis dientes, que mis parientes.
Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
Tarea que agrada, presto se acaba.
Las mujeres sin maestro saben llorar, mentir y bailar.
No te salgas por la tangente.
De juergas, pendencias y amores, todos somos autores.
Quien en tierra lejana tiene hijo, muerto le tiene y espérale vivo.