Pan y vino andan camino, que no mozo garrido.
Cuentas claras y el chocolate espeso.
Cague la espina quien se comió la sardina.
Cien amigos son pocos; un enemigo es mucho.
El juego pone a prueba el oro, y el oro pone a prueba el juicio.
Frailes y monjas, del dinero esponjas.
Si quieres hacer reír a Dios, ¡Cuentale tus planes!.
Los casados, casa quieren.
Mucho sabe quien callar sabe.
Más vale un día alegre con medio pan que triste con un faisán.
Bebe leche y bebe vino, y te conservarás lechuguino.
Gallina que al gallo espanta, córtale la garganta.
Refran viejo, nunca miente.
Niños y viejos, todos son parejos.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Cuando estamos buenos, damos consejos a los enfermos.
Antes de contar, escribe, y antes de firmar, recibe.
Quien lee despacito, comprende el escrito.
Nadie sabe para quien trabaja.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Donde el gusto falta, nada valen el oro y la plata.
Por creer en los espantos, se quedó para vestir santos.
La honestidad excesiva raya en la estupidez.
Al fuego y al fraile no hurgarles. Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
Los pájaros más bellos están enjaulados
No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.
Es de sabios, cambiar de opinión.
Donde castañas se asaron, cenizas quedaron.
Juncos aunados, por nadie quebrados.
Manos frías, amor para un día, manos calientes, amor para siempre.
No siempre huye el que vuelve la espalda
Cerrado a cal y canto.
Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
El que sabe cuándo hablar, sabe también cuándo callar.
Muchos son los llamadas y pocos los escogidos.
Amor, opinión y fortuna corren la tuna.
La manda del bueno no es de perder.
El caballo que mucho anda, nunca falta quien le bata.
No hay dos sin tres.
El que da todo lo que tiene en cueros se queda y nadie lo quiere.
Casa en que no hay un viejo, no vale un arvejo.
Heladas de enero, nieves de febrero, llovizna de marzo; lluvias de abril; aires de mayo, sacan hermoso el año.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
Los ríos hondos corren en silencio, lo arroyos son ruidosos.
Naipes, mujeres y vino, sacan al hombre de tino y lo llevan por el mal camino.
Padres viejos, hijos huérfanos.
Come Juan Gómez, que de lo tuyo comes.
Caballo que no sale del establo, siempre relincha.
Aunque se pudran las uvas, siempre habrá vino pa' zurras.