La adversidad forja hombres; la buena fortuna crea monstruos.
Al mal tiempo buena cara, y al hambre guitarrazos.
Mucho decir veremos, pero nunca vemos.
El buen nabo, por Santiago tiene cabo.
Por una alegría mil dolores
Un zapatero, un sastre y un barbero, tres personas distintas y ninguno es verdadero.
No son malos tiempos, es malo el hombre
La vida es un deber a cumplir
Boca sin dientes, casa sin gente.
La mala palabra, más que un guijarro descalabra.
El mugido de un buey tirando la carreta, presagia la muerte de un vecino.
Quien en presencia te teme, en ausencia te perjudica
La mujer y la gaviota, cuanto más viejas más locas.
Quien dijo miedo, detrás de un palo.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
Los años son escobas que nos van barriendo hacia la fosa.
Por Agosto, ni es vino ni es mosto; por San Andrés, vino es.
Guay de gachas, a tal hora comidas y con punta de alfiler.
No hay moneda que no pase, ni puta que no se case.
Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
Un amigo es como una letra de la que no recordamos el importe y no conocemos la caducidad
Más vale mendrugo que tarugo.
Quien habla en voz alta, piensa poco.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
Toda virtud está siempre entre dos vicios
Hablar por los codos, aburrir a todos.
Mujeres xuntas, ni difuntas.
Quien más ama más gasta; quien mucho acumula mucho pierde
El hambre es la mejor salsa
El que a pueblo ajeno va a pretender, o va a dar perro, o a que se lo den.
Una verdad dicha antes de tiempo es muy peligrosa.
Hasta los animales cuidan sus crías.
Da consejos a todos, pero no seas fiador de nadie.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
De arriero a arriero no pasa dinero.
Desee bien, sea bueno.
Incluso el día más largo tiene un final
A barbas honradas, honras colmadas.
Al desdén con el desdén.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
Le dijo el grajo al cuervo: quítate allá, que tiznas.
El que lo tiene, lo gasta, y si no, se lame el asta.
Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a tí.
Ya lo dice el refrán: pasa hambre el que no tiene pan.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
Mandar quiero, aunque sea en un gallinero.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Breve habla el que es prudente.