La felicidad no es cosa de risa
Después de estirar la pata, de nada sirve la plata.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
El muerto y el ausente, no son gente.
A gran hambre no hay pan malo, ni duro ni bazo.
No te ensañes con el vencido, pues puedes correr su suerte.
Quien de verde se viste bonita se cree.
Vos contento y yo pagada, venid a menudo a casa.
El fuego de la leña verde proporciona más humo que calor.
A los ignorantes los aventajan los que leen libros. A Éstos, los que retienen lo leído. A Éstos, los que comprenden lo leído. A Éstos, los que ponen manos a la obra.
Acude al sabio para el consejo y al rico para el remedio.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
El caballo la pistola y la mujer nunca se prestan.
De pronto, nadie es tonto; después quizá lo es.
El amor más grande es el de una madre, a continuación el de un perro y por último el de un amante
Llagas hay que no curan, y toda la vida duran.
Lo cómodo o lo expedito, es mejor que lo bonito.
Si el que te aborrece tiene hambre, dale de comer pan; si tuviere sed, dale de beber agua.
El que no tiene hijos los mata a palos.
Casa sin mujer y barca sin timón, lo mismo son.
Quien tiene alforjas y asno, cuando quiere va al mercado.
Un estómago hambriento no tiene ningún oído.
La mujer consigue plata con solo alzarse la bata.
Los labios del justo orientan a muchos; los necios mueren por falta de juicio.
Abanico calañés cuesta dos cuartos o tres.
Rucio rodado, antes muerto que cansado.
La desesperación convierte a un hombre infeliz en un hombre débil
Cuando no seas preguntado, estate callado.
Hija que casas, casa que abrasa.
Bailarines en cojos paran.
En casa de los tíos ella es la tía.
Para baina de oro, cuchillo de plomo.
Hasta al más superdotado, le sale un hijo tarado.
Por San Andrés, toma el puerco por los pies.
Si el corazón fuera de acero, no le vencería el dinero.
La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta.
El que tenga hacienda, que la atienda o que la venda.
No busques la verdad, solo deja que te abriguen las opiniones.
Conejos y liebres vendo, porque los prendo.
A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.
Bonito era el diablo cuando niño.
El amor y el odio son las dos caras de la misma moneda.
Un día de obra, un mes de escoba.
Buena bolsa, envidiosos y ladrones la hacen peligrosa.
Hay muchos dispuestos a meter su cuchara en la sopa, pero pocos que quieran ayudar a cocinarla.
Hombre entrado en días, las pasiones frías.
Si le dices tu secreto a una mujer, de dominio público ha de ser.
El que no engorda comiendo, no engorda lamiendo.
Donde hay orden, hay bendición.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.