Mucho preito hace mendigo.
Fruta prohibida, más apetecida.
Mis hijos criados, mis cuidados doblados.
Matar un tigre.
Al bobo, múdale el juego.
Quien dineros y pan tiene, consuegra con quien quiere.
Ruin señor, cría ruin servidor.
Nunca tiene razón quien no tiene dinero.
No digas que eres pobre a quien no te puede hacer rico.
Mas quiero viejo que me regale, que mozo que me mande.
Favorecer a un bellaco, es echar agua a un saco.
El que manda, manda.
El mal pajarillo, la lengua tiene por cuchillo.
Febrero, cebadero.
Quien con mujer rica se casa, come y calla.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
Nada sabe su violín y todos los sones toca
Cántaro roto para tiesto vale.
Solo deja para los demás lo que no quieras hacer tú mismo.
Casamiento y mortaja del cielo bajan.
Quedarse sin el chivo y sin el mecate.
El vulgo es necio y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.
Quien supo esperar, llega a triunfar.
Jabón e hilo negro, todo es para la ropa.
En Junio hoz en puño.
Una casa de blanquea en mayo, el mejor tiempo del año.
Rico y de repente, no puede ser santamente.
Pecado de mucho bulto, no puede estar siempre oculto.
La buena mujer, con sus manos edifica su casa.
Al loco y al fraile, aire.
Por el alabado dejé el conocido y vime arrepentido.
Por San Juan, los días comienzan a acortar.
A la moza, con el mozo, y al mozo con el bozo.
De Castilla el trigo, pero no el amigo.
Quien anda deprisa es el que tropieza.
Quien hace, aplace.
Amigo viejo y casa nueva
Zapatazo que le duela, a quien sin llamar se cuela.
De la mar, el salmón; de la tierra, el jamón.
Quien se pone ropa ajena, no puede decir que estrena.
Quien no sabe, no vale nada.
Cuando se entera el cornudo, ya lo sabe todo el mundo.
De molinero mudarás, pero de robado no escaparás.
A buen año y malo, molinero u hortelano.
El mirón, ¡chitón!.
Cada uno dice quién es.
Da un dátil al pobre y disfrutarás de su verdadero sabor
Morrocoy no sube palo ni que le pongan horqueta.
A nadie le amarga un dulce.