El orgullo ciega por unos instantes, dejando recuerdos indelebles
Llegar y pegar, Matías, no es para todos los días.
En nombrando al rey de Roma, luego asoma.
La práctica vale más que la gramática.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
La palabra emitida no puede recogerse.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
Tabernero diligente, de quince arrobas hace veinte.
Buey amarillento, poco andar y mucho pienso.
Al que le falta ventura, la vida le sobra.
Venga la alabanza que recibes de otra boca y nunca de la tuya
A Dios se le dan las quejas, y al diablo las disparejas.
Alma sin amor, flor sin olor.
Criado y caballo, un año.
Nadar, nadar, y a la orilla ahogar.
A golpe de mar, pecho sereno.
Bien de mis males, mal de mis bienes.
Dale limosna mujer, que no hay en la vida cosa más mala, que la pena de ser ciego en Granada.
Obra bien y espera; que Dios es el que premia.
Limosnero y con garrote.
¿Vas a seguir, Abigaíl?.
Ni el rey ni el papa de la muerte escapa.
Cantan la nana a los cigoñinos las campanas.
Los rincones para los gatos, y las esquinas para los guapos.
A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente; a los treinta, el primero que se presenta.
Decir, me pesó; callar, no.
La señora ostentación, echa la casa por el balcón.
A más no poder, acuéstome con mi mujer.
Con dinero en el bolsillo se es inteligente, atractivo, y además se canta bien.
De mal montecillo, bueno es un gazapillo.
Campo bien regado, campo preñado.
Nada tiene al que nada le basta.
Ni fíes de hombre cejunto, ni tengas miedo a un difunto.
Una huésped llega con diez bendiciones, come una y deja nueve.
En el juego y el licor, se reconoce al señor.
Nuestros defectos nos imitan más cuando los observamos en otros.
Encaja como pedrada en ojo de boticario.
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
El que tenga perro que lo ate, y si no que lo mate.
Según serás, así merecerás.
El dueño del perro no obedece a su perro.
La lengua es el azote del culo.
Más vale ser cola de león que cabeza de ratón.
Es más fácil ser Doctor, a veces, que ser Señor.
Marido muerto, otro al puesto.
El buey ruin pereceando se descuerna.
El que se fue a Barranco perdió su banco!
Más vale que los dientes no riñan con la lengua.
La bondad, quien la tiene la da.
Bebo lo tinto y meo lo claro.