Camarón que se duerme se lo chima el sapo..
Uno esquila ovejas, otro, cerdos
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.
Dichoso el mes que entra con Todos los Santos y sale por San Andrés.
Pajarico que escucha el reclamo, escucha su daño.
O errar o quitar el banco.
Honra y dinero se ganan despacio y se pierden ligero.
Quien aprisa asa, quemado come.
Donde no alcanza el viejo, alcanza el tejo.
Idas sin vuelta, el hombre a la horca, el pan de pastores y los potros a la feria.
Bueno de asar, duro de pelar.
Callado mata conejo.
El río, por donde suena se vadea.
A ese andar, llévalos mi baca.
Al hombre duro, lanza en mano y vino puro.
En seco o en mojado, por San Lucas ten sembrado.
Al pie del monte, se ahúma el capote.
Buena compañía, Dios y Santa María.
Conquistar el mundo montado a caballo es fácil, es desmontar y gobernar lo que es difícil
Poco y en paz, mucho se me haz.
Pólvora y tiempo se vuelan como viento.
Con los curas y los frailes, buenos días y buenas tardes.
Estás en la procesión y también quieres tocar las campanas.
Quien debajo de árbol se guarece, dos veces se moja.
Abad avariento, por un bodigo pierde ciento.
La paja en el ojo ajeno se mira más despacio.
Lo mejor que hizo Dios fue un día detrás del otro.
Si golpeas tu mano contra una piedra, no esperes más que dolor.
Por las vísperas se conocen los santos.
Un barbudo, un cano, un licenciado, si no nieva el invierno se ha acabado
Nunca bailes en una barca pequeña.
Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
A mal Cristo, mucha sangre.
Zorro dormilón no caza gallinas.
Alcalde que por momentos se dispara, háganle arrimar la vara.
Cuando el diablo no tiene qué hacer, coge la escoba y se pone a barrer.
Burro pequeñín, siempre nuevecín.
Tirar la piedra y esconder la mano, es cosa del villano.
A buey viejo, cencerro nuevo.
Dijo la sartén al cazo: ¡apártate gorrinazo que me tiznas!.
A picada de mosca, pieza de sabana.
Quien hace un cesto hace ciento, si le dan mimbres y tiempo.
Ayunen los santos, que no tienen tripas.
El buey manso mató al amo.
Cuando al palomo veas en el agua, coge las botas y el paraguas.
El cobarde vive, el valiente muere.
Cabra manca, a otra daña.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
El diablo no es nunca tan feo como lo pintan
Lo estancado se pudre.