Mi marido va a la mar, chirlos mirlos va a buscar.
No hay mayor tontería que reñir.
Nochecitas alegres; mañanitas tristes.
Las únicas cuerdas que producen libertad son aquellas de las que surge música.
Lo que llena el ojo, llena el corazón.
Si el cura se resfría, hasta el monaguillo tose.
Mujeres y Palomas, aunque salgan con gemidos, vuelven a sus nidos.
¿De qué se ríe un tonto?. De ver reír a otro tonto.
Llámame gorrión y échame trigo.
Hacer de su capa un sayo.
Acometer hace vencer.
Pensando en pajarito preña'o
El que quiera comer huevos tendrá que soportar los cacareos de las gallinas.
Todos llaman a la puerta de aquel que llama a todas las puertas
Pasear llevando sobre los hombros una carga
Comer uva y cagar racimo.
Tarde piaste pajarito.
San Julián, guarda vino y guarda pan.
Buscar aguja en un pajar, es naufragar.
Dar la soguilla para sacar la vaquilla.
No alabes ni desalabes hasta siete Navidades.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
Cercón lleva la luna, mi amor se moja.
Cuerpo harto, a Dios alaba.
Conejo, perdiz o pato, venga al plato.
A palabra necias, oídos sordos.
Diga mi vecina, y tenga mi costal harina.
Hablar con lengua de plata.
Vomitar las tripas y quedar de perlas.
Pan que sobre, carne que baste y vino que falte.
Hermoso cagar de ventana, el culo para la calle.
A quien no le sobra pan, no críe can.
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
Para aprender a nadar, meterse al pozo o al mar.
Quien tiene arte va por todas partes.
Hacer que hacemos, y no hacemos nada.
Para alcanzar, porfiar.
Algo sabe el que no sabe, si callar sabe.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.
Beber aquí, beber allí, a la noche borrachín.
Llorando nacen todos, riendo ni uno solo.
El camino hacia el cielo pasa por una tetera.
Palabra suave llegar al alma sabe.
El día que te cases salen tus faltas y el día que te mueras, tus alabanzas.
La gallina que es buena, pone para Nochebuena.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Nunca bailes en una barca pequeña.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
Coces de garañón, para la yegua cariños son.