Cada gallo canta en su gallinero, y el que es bueno, en el suyo y en el ajeno.
Para amigos, todos; para enemigos, uno solo.
Nadie regala nada a humo de pajas.
Cada cual es dueño de su miedo.
Ver pecar, convida a pecar.
Uno es el que trabaja y otro el que se lleve la ganancia.
A quien dan, no escoge.
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
El que nada tiene, nada vale.
Dádivas quebrantan peñas.
Manos que no dais, ¿qué esperáis?.
Cada puerta va bien en su quicio, y cada uno en su oficio.
Cada uno es para si y Dios es para todos.
Que cada cual espante sus pulgas.
El que siembra, cosecha.
Quien primero viene, primero tiene.
Lo que se da al pobre se guarda en el cielo.
Lo que se regala y se quita se vuelve cuita.
Cada hombre lleva un loco dentro, y cada mujer un ciento.
Ruin que convida, deja a todos sin comida.
Bueno es saber cada uno para cuánto es.
A cada uno le parece pesada su propia cruz.
Quien bien siembra, bien coge.
Yo he hecho lo que he podido, y la fortuna lo que ha querido.
Unos tanto y otros tan poco.
El dinero no lo es todo, según dicen los que lo tienen.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
A cada necio agrada su porrada.
Cada uno dice quién es.
Nadie con su suerte está contento y todos con su talento.
Cada palo que aguante su vela.
El que lo tiene, lo gasta, y si no, se lame el asta.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
Manda y haz, buen ejemplo darás.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
Todos nacemos con igual condición, solo por la virtud nos diferenciamos.
Abuso no quita uso.
El mundo promete y no da, y si algo te da, caro te lo cobrará.
Cada uno es muy libre de hacer de su capa un sayo.
A cada ermita le llega su fiestecita.
Sabe agradecer la honra a quien te la hace y dona.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
Quien no da aquello que ama, no recibe lo que ansía
El que parte y reparte toca la mejor parte
El avaro, por gastar poco, aunque todo lo tiene, carece de todo.
A cada guaraguao le llega su pitirre.
Que convenga, que no convenga, Dios quiere que todos tengan.
A cada cosa le llega su tiempo.
Cada raposa mira por su cola.