Voz del pueblo, voz de Dios.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
El que más habla es el que más tiene por qué callar.
Favorece a quien te ayudó y olvida al que se negó.
Por una oreja entra y por otra sale.
Bebe el agua a chorro y el vino a sorbos.
Lo que sea que suene.
Zumbido de mosquito, música de violín chiquito.
Con dinero en el bolsillo se es inteligente, atractivo, y además se canta bien.
Quien hace los mandados que coma los bocados.
Gallina que canta ha puesto un huevo
Pajarico que escucha el reclamo, escucha su daño.
La que se enseña a beber de tierna, enviará el hilado a la taberna.
Las botellas medio llenas hacen más ruido aunque contengan menos líquido que las demás
Amor de puta y vino de frasco, a la noche gustosos y a la mañana dan asco.
Cada ratón tiene su nido y cada mujer su abrigo.
Come, duerme y engorda, y si te llamaren, hazte la sorda.
A cada santo su vela
¿Quien me llama puta sino quien me ayuda?.
Tanto pedo para cagar aguado.
Zorra en viña, aligera la vendimia.
Cada día un grano pon, y harás un montón.
Cada uno hace llegar a la brasa la sardina que ha de asar.
Cada año trae su daño, y cada día su acedía.
Cree el fraile que todos son de su aire.
Dios ayuda, a los que se ayudan.
Hombre que anda con lobos, aprende a aullar.
Todo lo que se come, vino quiere; el agua, para las ranas y los peces.
Agua de enero, cada gota vale un dinero.
De lengua me como un plato.
La mujer y la guitarra para tocarlas hay que templarlas.
Cada mozo lancee su toro.
Tú que coges el berro, guárdate del anapelo.
El camino de la boca, nadie lo equivoca.
A dineros dados, brazos quebrados.
Ayúdate y te ayudaré.
Cada maestrito tiene su librito.
Cada casa es un mundo, y cada cabeza una alcancía.
Todos los santos tienen octava.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
De la viña del vecino, sabe mejor el racimo.
Cada uno tiene sus gustos; por eso hay ferias.
Vino de viñas viejas, qué bien te tomo y qué mal me dejas.
Hacer agua los dientes.
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
Mierda que no ahoga, todo engorda.
A quien a otros ayuda, de veinte años le pare la burra.
Cada dueño tiene su sueño.
Ninguno por ser querido se esfuerce, que a veces lo torcido se destuerce.
Cualquiera está en su deber, de no dejarse joder.