Cada uno muere de su vicio.
Jamón empezado, cada cual le tira un tajo.
A cada cual lo suyo y a Dios lo de todos.
Las palabras se las lleva el viento, lo escrito permanece.
En cada pago, su viña, y en cada barrio, su tía.
Agarra al toro por los cuernos, al hombre por la palabra.
Quien al cielo escupe, en su cara repercute.
Cada cual sabe donde le aprieta el zapato.
Como la espada, así la vaina.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Cuando tres marchan juntos tiene que haber uno que mande.
Nadie aprende por cabeza ajena.
Amigo ambiguo vale por dos enemigos
Siempre el que más habla es el que tiene menos que decir.
A la boda del herrero, cada cual con su dineo.
De las palabras, no el sonido sino el sentido.
Existe una única libertad: la verdad. Existe una única esclavitud: la mentira
Cada cosa tiene su precio.
Boca que bosteza, estómago que hambrea.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
De dichos y refranes, hacemos mil planes.
Todo tiene un fin.
Cada cual cuenta de la feria como le va en ella.
Mujer de lengua certa, mujer refranes.
Cabeza chica, nunca es calva; mucha cabeza poco pelo.
Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.
Cabeza grande, talento chico.
A tal amo tal criado.
A las veces, do cazar pensamos, cazados quedamos.
A nave rota, todo tiempo es contrario.
De la boca del ladrón, todos lo son.
Rapados y por rapar, todos han de pagar.
Tantos enemigos tenemos como criados habemos.
Un clavo saca a otro clavo.
Por Navidad cada oveja a su corral.
El que mucho habla, mucho yerra.
Muerto el último árbol, muerto el último hombre.
Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba pero el tonto sigue.
Por sus pasos contados, va el ladrón a la horca, y todos a la muerte vamos.
Cada cual habla según como le fue en la feria.
La letra mata, su sentido sana.
Lo hablado se va; lo escrito, escrito está.
Todo hombre que quiera mentir, gran memoria debe tener.
La muerte todas las cosas iguala.
El que está en la aceña, muele; que el otro va y viene.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
Yo soy un señor, tú eres un señor, él es un señor, somos todos señores, ¿pero quién almohaza al caballo?
A quien amasa, una le pilla y ciento le pasa.
Cada dueño tiene su sueño.