A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
Una madre es para cien hijos, y cien hijos no son para una madre.
Al hombre mujeriego, mil perdones; al machiego, mil blasones.
Como el perro de muchas bodas, que en ninguna come por comer en todas.
El que bien reparte, se lleva la mejor parte.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
Es del hombre condición, como del cabrito, o morir muy pequeñito o llegar a ser un cabrón.
El ciego y el ignorante, tienen el mismo talante.
Todos su cruz llevan, unos a rastras y otros a cuestas.
Echar todo a doce, aunque nunca se venda.
Quien a heredar aspira, larga soga estira.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Alguacil en andar y molino en moler, ganan de comer.
Sábele bien y hácele mal a mi borriquito hoja de nogal.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
Mujer con toca, dos veces si.
Bonete y almete hacen casas de copete.
Las riquezas mal habidas no sirven de nada, pero la justicia libra de la muerte.
Cuando se cierra una puerta, otra se abre.
Calumnia, que algo queda.
Cada quien puede hacer de su culo un candelero.
De un juez prevaricador nos libre el Señor.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
El muerto al pozo y la viuda al gozo.
Burro que gran hambre siente, a todo le mete el diente.
Tan bien parece el ladrón ahorcado, como en el altar el santo.
El poco seso canta en la mesa y silba en el lecho.
El árbol con demasiadas hojas no da siempre frutos sabrosos.
Diez mil preguntas, son una pregunta. Si contestas una pregunta, desaparecen las diez mil.
Del lobo un pelo.
Despedida de borrachos.
Mas vale tierra en cuerpo que cuerpo en tierra.
Quien se fía de un lobo, entre sus dientes muere.
El que debe y paga, descansa.
El perro le manda al gato, y el gato a su cola.
Come santos, caga diablos.
Escatimar y dar a putas.
Palabra dada, palabra sagrada.
Favor con favor se paga
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
El que tiene a un juez como acusador, necesita a Dios como abogado.
Quien hace malas, barrunta largas.
Antes doblar que quebrar.
Tienes menos sesos que una piedra.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
Otoñada segura, San Francisco la procura.
De cabo a sargento, y no está contento.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
Tiene más carne un zancudo en la punta del ala.
A liebre ida, palos al cubil.