El que no cojea, renquea.
El toro, a las cinco, y el torero, a los veinticinco.
Las más suaves angarillas, también matan las cosquillas.
Negocio de enterrador, negocio asegurador.
Coger el huevo de la gallina y dejar ir el de la gansa
La tripa se ancha o se angosta, según como lo críen a uno.
Vale más una vieja que un pejeverde.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Tu colmenar no catar, hasta no vendimiar.
Cada día olla, amarga el caldo.
A palabra necias, oídos sordos.
Ni caballo patiblanco, ni tierra falduda.
El árbol que no da frutos, da leña.
Pan, jamón y vino añejo, son los que hinchan el pellejo.
El que se quemo con leche hasta las cuajadas sopla.
El mozo perezoso, por no dar un paso da ocho.
A cuarto vale la vaca, y si no hay cuarto no hay vaca.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
Agarrando aunque sea fallo.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
La cascara guarda el palo.
Culebra no se agarra con lazo.
Más tiran nalgas en lecho que bueyes en barbecho.
El gato gruñón, no caza ratón.
Al que nace barrigón, es inútil que lo fajen.
Vida de campo, hombre sano; vida de pueblo, hombre enfermo.
El juez perverso, condena a la paloma y libra al cuervo.
Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar, perderás tu tiempo y fastidiarás al cerdo.
Barba hundida, hermosura cumplida.
Quien guarda halla, y quien cría mata.
Raton que solo conoce un agujero pronto cae del gato en el garguero.
El pan sin ojos, y el queso con ellos.
A gallego pedidor, castellano tenedor.
El vino como el rey, y el agua como el buey.
San Matías, cata Marzo a cinco días y si es bisiesto, cátalo al sexto.
Casa en que no hay un viejo, no vale un arvejo.
Tentar la huevera a las gallinas
Aunque se cubra de sedas, el perro huele mal.
Vivir de fiado es la manera de pagar el doble.
Mal se cuece olla que no se remece.
Caja que tuvo alcanfor, quédale el olor.
Los caracoles vacíos son lo que hacen más ruido. Así los hombres vanos y bullidores.
No se merece la vida, quien no paga su comida.
Mala hasta vieja la zangarilleja.
Aquel a quien mil dedos acusadores señalan, muere sin estar enfermo.
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
Celemin por celemin, échale trigo al rocín.
¿Compare, la burra, pare o no pare?.
Entre tres la tenían y ella meaba, y no meaba a gusto la condenada.
A canto de sirenas oídos de pescadores.