Andar, andar que aún queda el rabo por desollar.
El bobo José Mamerto, tras de jetón, boquiabierto.
Tú que coges el berro, guárdate del anapelo.
En esta vida insensata, ni al rico le sobra plata.
Al potro que le alabe otro.
Plata de cura, ni luce ni dura.
El que canea, no calvea.
Relámpago al oriente, agua al día siguiente.
No se envía a un muchacho a recoger miel
Más camina un burro si va frente al pesebre.
El cerdo no sueña con rosas, sino con bellotas.
Molino parado no gana maquila.
Amigo ambiguo vale por dos enemigos
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
Lo que se dá no se quita porque el diablo te visita.
Maíz comprado no engorda.
Morir rico tras vivir pobre, llámale bestia y no hombre.
Cabra por viña, peor es que tiña.
El perro viejo cuando ladra da consejo.
Abadejo y amor de viejo, todo es abadejo.
Ni comas crudo ni andes a pie desnudo.
El día nunca retrocede de nuevo.
El que a las once no ha “bebío”, viene el Diablo y le dice: “Esto es mío.”.
No le falte tabaco ni vino a quien hace camino.
Potros que de feria en feria van, cada día menos valdrán.
A cordero extraño, no agasajes en tu rebaño.
Camaron que se duerme se lo lleva la corriente.
A la sierra, ni dueña ni cigüeña.
El que ha naufragado teme a la mar aún calmada.
De donde no hay pan hasta los perros se van.
Si un asno va de viaje, no regresaría hecho caballo.
A dádivas, no hay acero que resista.
Ni de mujer de otro, ni coces de potro.
A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.
Si el dinero no es tu sirviente, será tu amo.
Boticario sin botica, nada significa.
Un buen mozo y un abad no pueden cargar a un asno contra su voluntad.
Del mal pagador, siquiera en pajas.
Cada cual a su manera, se combate la piojera.
Uno sabe de hoy, y no de mañana.
El que no asegunda no es buen labrador.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
Ni lugar sin taberna, ni puta sin alcahueta.
Cántaro roto, no sufre más remiendo que comprar otro.
Tu colmenar no catar, hasta no vendimiar.
No lleves leña al monte.
Amigo sin dinero, eso quiero; que dinero sin amigo, a veces no vale un higo.
Suele ser disparate levantar la liebre para que otro la mate.
El ocio no quede impune; quien no trabaje, que ayune.
La que no tiene marido en siesta, sola se acuesta.