Para cada hombre sabio hay un más sabio.
Dios castiga, pero no ha palo.
El que aconseja, no paga.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
La venganza es el platillo que sabe mejor frío.
Sé dueño de quien no te ama y esclavo de quien te ama
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
La falta de progreso significa retroceso.
La sal no dice de sí misma que es salada.
Gorgojo, más chico que un piojo; así de chiquito produce enojo
El embustero es un almacén de promesas y de excusas.
Del mal paño nunca hay buen sayo.
La verdad no peca pero incomoda.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
A buen bocado, buen grito.
Dicen que la educación se mama.
Se nace llorando, luego se comprende el por qué.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Estar armado hasta los dientes
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.
Cada mochuelo a su olivo y cada puta a su rincón.
No es de hombre prudente nadar contra la corriente.
El que sale a bailar, pierde su lugar.
A un clavo ardiendo se agarra el que se está hundiendo.
Al que escupe para arriba, le cae en los ojos.
A cada cual se le levantan los pajarillos en su muladar.
Vive de ilusiones el tonto de los cojones.
Cuando el andaluz canta, una pena tiene en la garganta.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
Más listo y despierto que el ojo del tuerto.
Un mal juicio conduce a malas decisiones.
Cuanto más sepas mejor suerte tendrás.
El que monta un negocio y no es pesetero, pronto pierde su dinero.
El que bien reparte, se lleva la mejor parte.
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Confucio, 551-479 a. C.)
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
Entre camellos nadie se burla de las jorobas.
Donde están los hechos, no son necesarias las palabras.
El hombre recurre a la verdad solo cuando anda corto de mentiras
En casa del que jura, no faltará desventura.
Es más fácil meterse en un problema que salir de él.
Más vale bueno que mucho.
Gallo cantor, acaba en el asador.
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
No está muerto, quien pelea.
Se coge al toro por los cuernos, al hombre por la palabra y a la mujer por el elogio.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
Uno no esta vencido hasta que reconoce su derrota.